El día de los regalos

No seré yo quien les amargue este día de compartir, de dar y recibir regalos, de espera manifiesta de los niños y espera casi clandestina de los adultos. Espera de que algo mágico haga que los deseos de uno se cumplan, los deseos más materiales, menos utópicos, si se quiere, pero ¿no es utópico esperar que alguien se haya dado cuenta de que esperas ansiosamente un libro, unos calcetines, un disco, un chaleco, un juguete, unos pendientes o una agenda? ¿No es una utopia hecha carne el que, Jose María, que hasta hace sólo cuatro meses vivía en la calle, desahuciado, desechado, que no esperaba ya nada, se levante y compruebe que en el salón de su nueva casa alguien se haya acordado de él y abra nerviosamente un paquete que envuelve una pitillera? ¿No es utopía hecha gesto la sonrisa de la abuela casi centenaria que ve, por un día, cómo la casa se le llena de bisnietos que, abren paquetes, tiran papeles, comen caramelos y chillan, chillan mucho? El mundo que soñamos desde esta otra orilla encaja como un puzzle con este deseo de compartir, de repartir, de dar y de esperar. Y nos alegra que, al menos por un día, este sueño se haga realidad.

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Javier Rodríguez

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