El Ecologista Incómodo

Obstinado y comprometido lleva años siendo el quijote de su pueblo. Le llaman el ecologista, unos con desprecio y otros con cariño, pero marcado por todos, es incómodo. Con el paso de los años se ha ganado la comprensión de los más jóvenes, han crecido escuchando eso del cambio climático y los osos árticos, alguno será como él. Otros sin embargo chasquean – éste se opone a todo- , los indiferentes y los que temen perder el bienestar ganado, comprensible ya que nacieron en época de hambre y miedo, absurdo ya que se olvidan de sus hijos. Incluso hay quienes conspiran contra él, intentando desacreditarlo y enmudecerlo, son los que más riqueza atesoran. El obstinado y comprometido “ecologista” sólo defiende una economía compatible con el entorno de su comarca, tampoco quiere volver a las cavernas. El obstinado y comprometido ecologista ha aprendido primero a amar la tierra, ha reconocido la estética de la naturaleza, sabe que se puede aprender mucho de ella, y no quiere perderla.

En nuestra provincia hay varios de estos ecologistas “incómodos”, no son muchos, pero dan guerra. Son vecinos valientes que aguantan su discurso en las distancias cortas a pesar de las insinuaciones y las descalificaciones, y que además suelen dar voz a organizaciones nacionales como Ecologistas en acción, WWF o Greenpeace, o han promovido plataformas o asociaciones locales. Incluso a veces sufren auténticas campañas en su contra, como la que hemos visto en los últimos días promovida por grupos de empresarios agrícolas y cargos públicos, pidiendo al mismísimo SEPRONA que deje de censar pozos en Doñana y mire hacia otro lado, ¿eso es prevaricar?, desacreditando además públicamente sus reiteradas denuncias. El martilleo constante denunciando el escamoteo de agua del acuífero 27, la tensión recibida, el servicio a los hijos de toda la comunidad, en un buen ejemplo de la faena del ecologista incomodo.

Son muchas las amenazas que tiene nuestro entorno privilegiado. Sólo Doñana vive amenazada por la sobrexplotación de acuíferos, la pérdida de bosque autóctono, la falta de tratamiento de aguas residuales o el empeño en las grandes infraestructuras. Lo mismo podemos decir de nuestros ríos, de las marismas cercanas a la capital o de nuestra sierra; tesoros en peligro de desaparecer por nuestro modelo de desarrollo. Si siguiésemos la estela de ese “capitán planeta” de al lado, que en tantas ocasiones llevaba razón, y abrazásemos la cultura de la conservación, del desarrollo sostenible, del reciclaje, de la cercanía, un futuro más halagüeño nos esperaría.

Pero es posible que aún no estemos preparados para ese salto de modernidad, que aún no haya llegado nuestro momento, no nos preocupemos, aún le queda cuerda para rato, está sólo y mantiene el pulso, es obstinado, puede esperar.

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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