El fracaso del capitalismo

El gobierno de Mariano Rajoy ha presentado por fin sus presupuestos para este año. Unos presupuestos que vuelven a empobrecer aún más a la población y que premian a los especuladores, a los banqueros, a las grandes fortunas con propuestas como la amnistía fiscal. Desde que el ansia desmedida de unos pocos causó la gran crisis financiera que andamos malviviendo, muchas voces hablaron del fin del capitalismo, de la necesidad de refundarlo. Al final los gobiernos se plegaron a los intereses de los poderosos, rescataron bancos con una inyección económica que podía haber acabado con el hambre en el mundo, recortaron derechos y empobrecieron a la mayoría de la población mundial.

Esta crisis revela el fracaso del capitalismo como mecanismo para gestionar el riesgo y para asignar eficiente y equilibradamente los recursos. Ha fracasado a la hora de generar seguridad para que la actividad productiva se desarrolle adecuada y satisfactoriamente. El capitalismo ha fracasado porque ha convertido la economía mundial en un inmenso casino donde criminales financieros juegan a la especulación sin importarles que los que menos tienen sufran la miseria que sus jueguecitos generan. Pero, además, el capitalismo ha fracasado por su incapacidad de convivir con la naturaleza, de generar satisfacción; por su incapacidad de respetar la democracia. Ha fracasado porque se ha convertido en un mecanismo social productor de escasez, en un mecanismo generador de odio y de avaricia..

A la vista de este fracaso ¿por qué no pensar en fórmulas alternativas que den seguridad al ser humano?, ¿por qué el Estado, en lugar de salvar bancos, no salva la vida de los más desfavorecidos impulsando la creación de riqueza?, ¿por qué no contar con sistemas fiscales internacionales que desincentiven la especulación y la reduzcan a su mínima expresión?, ¿por qué no dedicar los recursos existentes para satisfacer las necesidades básicas de tantos millones de seres humanos que mueren en la miseria? ¿por qué no pensar en poner en marcha nuevas formas de organización social, modos distintos y más justos de producir, gestionar y repartir la riqueza?

Todo esto puede sonar a utopía -bienvenida sea-, pero la realidad es tozuda y demuestra un día sí y otro también que esta manera de solucionar la crisis sólo está creando más crisis y más empobrecimiento. Hay dinero, mucho dinero, en muy pocas manos y en paraísos fiscales. Hay dinero para rescatar la Banca, hay dinero para pagar grandes sueldos a los dirigentes de las grandes empresas… Sólo pedimos otra economía, otra forma de repartir lo que hay, otra salida a la situación lamentable que ellos mismos han creado. Sólo pedimos combatir desde la solidaridad el terrorismo financiero que nos tiene atados de pies y manos.

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Dimas Haba

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