El guardián entre los pinos

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El entorno privilegiado de que gozamos en Huelva, además de un lujo, es una conquista. La sensibilidad medioambiental de los onubenses tiene una trayectoria al menos tan amplia como los atentados al patrimonio natural de nuestra tierra: aquí la gente se ha movilizado para impedir la construcción de una autopista que atravesara Doñana, para tratar de recuperar la avenida Montenegro y la Ría, para pedir una solución a las balsas de fosfoyesos, para impedir que un oleoducto cruce la Sierra llevando crudo hasta Extremadura… Los puntos suspensivos no son un adorno: cada día surgen nuevos focos de conflicto, aunque leídos así, uno tras otro, parezcan insensatas batallas de una guerra absurda. Una guerra contra nosotros mismos.

He aquí la penúltima amenaza: el Ayuntamiento de Punta Umbría quiere impulsar un proyecto agrícola destinado al cultivo de arándanos en el Valle de las Yeguas, un paraje integrado en la zona de protección de la Reserva Natural de la Laguna del Portil y del Parque Natural de Marismas del Odiel. Claro que este pequeño detalle no se ha mencionado, solo se habla de recalificar suelo forestal y de la creación de 800 puestos de trabajo. De esto sabemos mucho, de la insistencia en enfrentar empleo y medio ambiente, y la fractura social creada es seria y profunda. También tenemos experiencia de cómo la iniciativa privada, sea industrial o agrícola, presiona sobre las decisiones de la Administración: hay nombres, con Fertiberia a la cabeza, que los onubenses no olvidamos. Pero estamos acostumbrados igualmente a defender lo nuestro, y la reacción ciudadana no se ha hecho esperar. La Plataforma Guardianes del Bosque natural Tierra Llana de Huelva ya se ha puesto en marcha y vigilará cuantas iniciativas atenten contra la conservación e integridad de este pulmón verde. Tienen trabajo, desde luego. Por cierto, también con los pirómanos: el llamativo incendio que hace unos días pudo verse desde la capital se originó precisamente en la parcela colindante al paraje citado, por la zona de Las Moreras. Había tres focos.

Seamos conscientes del privilegio que supone vivir rodeados de pinares, paisajes serranos o humedales. Seamos también sensatos: pensemos en inversiones de empleo sostenibles, en proyectos con visión de futuro. Y seamos inteligentes: la naturaleza no es un recurso, sino un bien común que forma parte de la misma trama vital que el ser humano. Seguimos necesitando muchos guardianes de nuestros pinos.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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