El orgullo de todos

Los hijos de Alicia y Ana entregaron a sus madres un pequeño detalle que habían hecho en el cole con motivo del día del padre, en el que podía leerse claramente “Felicidades, papá”. Se me ocurren muchas alternativas para evitar esta situación absurda, que no pasa de pequeña (o gran) anécdota, es verdad, pero que ilustra los desafíos que esta familia debe enfrentar de forma permanente, y también las claves que todos, como ciudadanos, debemos plantearnos. Porque sólo con abrir un poco más la mirada hubiera podido evitarse este pequeño (o gran) despropósito.

Tal vez el maestro o la maestra, aunque conocía las circunstancias familiares, pensó que daba igual, que para qué había que complicarse la vida. O tuvo buena intención, pero no encontró la solución idónea. Una simple consulta telefónica a la pareja hubiera bastado para resolver sus dudas. En honor a la verdad hay que decir que muchos docentes son capaces de dar, con toda normalidad, respuestas creativas a la diversidad de situaciones familiares que hoy se plantean en el aula. Pero también a veces lo cómodo es desviar la atención, pasar página, practicar la indiferencia. Una indiferencia que se confunde con el respeto: miramos la realidad con los ojos guiñados, no por complicidad sino por desprecio. Y en este caso, como en muchos otros, lo que no construye, desbarata.

Otra solución hubiera sido aprovechar la ocasión para explicar a los más pequeños que hay muchos tipos de familia, y que lo importante no es quiénes la integren, sino cuánto se quieran sus miembros. En las escuelas han asumido hace tiempo ese reto: padres divorciados, hermanos de padres distintos, madres o padres solteros, hijos no biológicos… Nuevas estructuras familiares que han desplazado al modelo tradicional de familia, que no es ni mejor ni peor, pero en absoluto es el único. Convivir desde pequeños con estas realidades es prepararse para asumir la tolerancia como motor de vida.

Por la puerta de la educación se entra en la igualdad. Eso es lo que se ha gritado hace dos días en Huelva, en una manifestación que funcionó de preludio vibrante a los eventos que hoy celebrarán el Día del Orgullo Gay en todo el mundo. Ojalá ese orgullo y esa dignidad sean pronto, simplemente, de los ciudadanos, de todos los que creemos que somos iguales por ser diferentes. Lo queramos o no, los desafíos de la familia de Alicia y Ana no son de ellas dos, sino de todos nosotros.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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