El quilo de arroz

En tiempos revueltos como estos en los que diversas voces nos avisan de que los más vulnerables lo están pasando muy mal, cabe la tentación de arrojarnos a la práctica de una caridad asistencialista, que compra un poquito de tranquilidad para nuestra conciencia como aquel que compra un reloj nuevo, pero que no se plantea más allá: ¿sirve de algo esta ayuda que presto? Las causas de la pobreza son profundas y tienen que ver con una injusticia crónica que viene aparejada con ese sistema económico que tantas alegrías ha dado a algunos. Las soluciones pasan por denunciar la especulación, la acumulación grotesca de riquezas, pasan por construir un modelo social que dé oportunidades a todos, que no quede a nadie fuera, aunque eso mole menos que dar un quilo de arroz o ver la cara de un niño “pobre” recibiendo un juguete que no va a corregir el terrible desamparo al que posiblemente esté sometido.

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Javier Rodríguez

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