El secreto de la filantropía

En el siglo XVI los ricos se hicieron mecenas. En el XVIII filántropos. En el XXI surge una nueva generación de benefactores a escala planetaria, cuya imagen más visible es Bill Gates, del que ya se habla más en las páginas de sociedad que en las de economía. Son financieros, fundadores de empresas punteras o herederos de inmensas fortunas, y están disparando los presupuestos de fundaciones creadas al efecto, hasta el punto de que ellos solitos podrían acabar con el hambre en el mundo. ¿Cambiarán las cosas a partir de ahora, entonces? ¿Se podrá hablar, por fin, de un sistema económico basado en la justicia y en la igualdad? Mucho nos tememos que no. Porque mientras las llamativas donaciones de Gates y compañía acaparan el interés mundial, mientras se les conceden premios y se habla de ellos con elogio, por detrás sigue funcionando esa máquina de hacer dinero en que han convertido sus respectivas empresas o inversiones. Continuarán siendo los hombres y mujeres más ricos del mundo, y para que ellos se enriquezcan habrá millones de personas viviendo en la pobreza. Eso sí, su “generosidad” les sirve de impecable propaganda y les ahorra un buen pellizco en gastos fiscales. Habrá que preguntarle al buen Machado si éste era el secreto de la filantropía.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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