El shiringuito (14:40)

¡Qué calor más tremendo! El maldito ventilador no hace más que mover el mismo aire caliente. Es la hora fuerte, y las freidoras están a tope: pescaíto y cocretas para media playa. Tomás, su jefe, estará contento: hoy hará una buena caja. Ella no tanto: apenas puede mover ya su barrigón de 6 meses en la estrecha cocina del chiringuito, pero necesita las perras, así que ni se le ocurre protestar, siempre es mejor ser mileurista que parada. Y siempre será mejor estar embarazada que ser madre soltera: el padre salió espantado en cuanto lo supo. Ella lee detenidamente todas esas cosas de conciliación, ayudas a la familia, guarderías: le vendrá bien cualquier ayuda, pero sigue sin imaginarse su vida con un hijo. Y no es que sea joven: es que está en la misma situación que cuando era joven: trabajos esporádicos y vivienda en alquiler con una amiga. Un desastre, como dice su madre. Y hablando de desastres: Miroslaw acaba de tirar la bandeja armando una escandalera importante. Eso le recuerda que hay gente que lo tiene peor, aunque también le recuerda que hay gente que lo tiene mucho, pero que mucho mejor, y que estaría bien que alguna vez se cambiaran las tornas, o que se repartiera la suerte por igual para todo el mundo: para Miroslaw, para ella misma, para tanta gente que conoce que vive siempre con el agua al cuello. En fin, será mejor volver a los fogones: una paella para el cura y una ración de adobo para la mesa 2. Marchando.¡Qué calor más tremendo!

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Gonzalo Revilla

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