El shiringuito (14:59)

A Miloslaw todavía le quedan muchos vasos y platos por servir y recoger hasta la hora del cierre y ese dichoso tufo a sardina que no se quita de la ropa ni las manos, que es de lo que peor lleva de este trabajo sin contrato que consiguió a principios del verano. Aunque a decir verdad hay cosas que tampoco lleva demasiado bien desde que llegó de Ecuador. Esta hora es hora punta en un establecimiento que no sé si será por la urgencia del calor o la pesadez de la arena está lleno de clientes que parece les fuera la vida en el tinto con casera y la tapa. En el mecánico gesto de recoger, pasar la mugrienta bayeta y preguntar qué desea tomar, le cuesta reconocer a Arturo que luce ley de igualdad y orgullo besándose sin complejos con su noviazo. Ese gesto “cochón” paraliza su garganta y agarrota su mano que se lleva tras de sí la bandeja hasta arriba de platos. Le choca el asunto aunque en el fondo reconoce el avance de poner rango de ley a lo que siempre ha sido una realidad tan oculta como emergente en el mundo.

En el establecimiento, a pesar del caos aparente, se forma una ronda de miradas en torno a la escena viviéndose situaciones que van desde la aparente aprobación de normalidad, las risitas nerviosas, hasta la mueca más desagradable de indisimulado “asco”. Peor para ellos. Además, poniéndole cara a cada gesto, el lector se encontraría sorpresas al descubrir quien es quien.

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Victor Rodríguez

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