El shiringuito I

Abdel Karim pidió un refresco. Era feliz. Tenía papeles, después de tantos años de miedo. Pronto viajaría a su tierra, a su pueblo, echaba de menos a su familia. Tenía muchas cosas que contarles: les había ido contando lo bueno, y les había ahorrado los ratos malos, que habían sido muchos: discriminación, engaños, soledad. Ahora era feliz. Podría entrever un futuro, tendría que seguir luchando, pero eso no le importaba. Miró con cierta lástima al moreno que acababa de entrar en el chiringuito, cargado de perchas con ropas de mil colores: conocía la dureza de esos primeros años, la inseguridad, la nostalgia, las dudas. Apuró el refresco. Sacó la cartera y pagó. Mientras esperaba el cambio miró su NIE, recién estrenado. Aquel papel plastificado suponía mucho más de lo que nadie podía imaginarse. Recogió el cambio que le ofreció la camarera y salió de allí, saludando con un gesto amistoso al vendedor de vestidos.

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Gonzalo Revilla

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