El técnico

– Buenas ¿qué desea?
– Soy el técnico de la economía…
– Si, lo recuerdo de otras veces, pero…
– Vengo a repararla…
– ¿…cómo? Verá, yo no he llamado a nadie…
– Ya, ya, no importa… ¿me permite que pase?
– Bueno, pero… verá usted, es que no quiero arreglar la economía…
– No diga tonterías hombre, hay que arreglarla… ésta es ¿verdad?
– Sí, claro, pero le repito que no pensaba arreglarla, iba mal, hacia tiempo que quería cambiarla…
– Imposible, hay que arreglarla, tenga, sujete esto…
– Oiga, insisto, esta economía estaba mal, centrifugaba a lo bestia, así que ahora no tengo intención de arreglarla, quiero encontrar otra que funcione mejor…
– Pero bueno ¿sabe ya como?
– No, no se aún, cualquier cosa mejor que esto…
– Nada, hombre, nada, deme ese trapo, cuando lo tenga claro ya hablamos de cambiarla, pero ahora será mejor que miremos esto…
– ¡Oiga, salga de ahí!, deje eso, le he dicho que no quiero que la repare…
– Y yo le repito: tenemos que reactivar esta economía, es importante que siga funcionando, centrifugando mal o bien, en cualquier caso no puede estar parada… así que deje trabajar a los profesionales….
– ¿Profesional usted? Le recuerdo que estuvo aquí hace un par de meses y me dijo que estaba perfecta, que “funcionaba como un reloj”, fueron sus palabras exactas… no parece eso muy profesional ¿no cree?
– Veo que es usted uno de esos…
– ¿Uno de esos? ¿a qué se refiere? ¿quienes son “esos”?
– Pues los que no quieren arreglar la economía, los que piensan que es preferible buscar alternativas a una máquina tan eficaz, los que…
– ¡Espere un poco! ¿De qué está hablando? Tan sólo le digo que no quiero arreglarla, que me parece que no funciona bien, que centrifuga en exceso, y que ahora que está rota es el momento de pensar en otra cosa…
– Claro, claro… pero no sabe qué. Tome, éste es el presupuesto, y ya le digo que no queda más remedio…
– ¿El presupuesto? ¿Se supone que he de pagar esta cantidad para reactivar una economía que no quiero arreglar? ¿Está usted loco?
– Bueno, sí, eso es lo que cuesta… deme esos tornillos de ahí…
– Pero…. pero… ¿qué gano yo con esto? ¿Es que pretende tomarme el pelo?
– Pues, siendo sinceros, usted no gana nada, absolutamente nada… deme los tornillos de una vez.
– Tome, y por favor, deje eso, salga de ahí, y le digo que no pienso pagar nada…
– No se preocupe por eso, ya se lo hemos descontado de su cuenta, agarre por ese extremo…
– ¿Por aquí, así…?
– Eso es, muy bien, esto ya está casi… pronto estará centrifugando de nuevo…
– Claro, centrifugará todo lo que pille, como siempre.
– Todo no, menos a unos pocos…
– ¿Me centrifugará a mí?
– Posiblemente
– ¿Aunque haya pagado la avería…?
– Aunque la haya pagado.
– Joder…
– Bueno, esto está listo.
– ¡Ah! Gracias.
– Ya me marcho.
– Vale, hasta otra.

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Gonzalo Revilla

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