El telefonino

Qué oficio, el de los políticos. Aparte de tragar sapos, sacrificar su vida personal o hasta sus propias ideas, deben estar dispuestos a que todo el mundo sepa de sus inclinaciones lúdicas o su afición a los culebrones. Les viene incluido en el cargo, igual que el dichoso móvil. Como mucha gente yo también estoy enfadada por este asunto, claro. Pero no sólo por la estafa, que por desgracia ya ni sorprende. Me da igual que nuestros concejales se descarguen juegos o animen sus horas de trabajo con la melodía de Pasión de gavilanes. Lo que me parece indecente es que alguien se haya podido fundir 1200 euros del erario público con el móvil, ¡en lo que sea! Lo que no acabo de entender es cómo se pueden hacer mil llamadas al mes, ¡mil llamadas!, y tener tiempo para algo más, pues algo más tendrían que hacer nuestros representantes aparte de hablar por teléfono. Y lo que más levanta el estómago, es que el abuso de algunos se transforme en pedrada política para arrojar al campo del contrario: tú me acusas a mí de esto, yo te acuso a ti de lo otro. Lo de siempre. Que sigan así, que la factura que les van a pasar los ciudadanos va a ser mayor si cabe que la del telefonino.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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