El tiempo

A partir de determinado nivel de ingresos la gente valora más el tiempo que los aumentos. Lo dicen unas encuestas: una vez solucionados nuestras necesidades básicas la gente prefiere trabajar menos que ganar más. Sin embargo la jornada laboral sigue ocupando casi todo el día, obligándonos a aparcar otros placeres. El desarrollo tecnológico prometió sustituir parte de la jornada laboral: no ha sido así. Y lo que es peor: gran parte de nuestro esfuerzo productivo, de nuestra dedicación laboral, se destina a mantener funcionando la insaciable voracidad de la sociedad de consumo, no se traduce en ninguna mejora real de nuestra vida. Trabajamos mucho para comprar más cosas que nos obligan a seguir trabajando mucho. De esta forma, la jubilación se convierte en una meta, en un objetivo que alcanzar: “por fin tendré tiempo para mis cosas” dicen cuando la empresa los pone en la calle. Pero no tiene demasiado sentido hipotecar toda una vida para disfrutar del último tramo. Esta sociedad, definitivamente, no ha aprendido a valorar uno de los bienes más preciados: el tiempo.

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Gonzalo Revilla

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