El voto (in)útil

En el último día de campaña se escuchan más que nunca llamadas al voto útil, clavo final al que se agarran todos los partidos. Es cierto que las encuestan señalan una gran masa de indecisos y que en estas elecciones el abanico está mucho más abierto, con nuevos perfiles y siglas, así que no tiene nada de raro que los candidatos lancen sus mensajes en esa línea, deseosos de ser finalmente los elegidos y ávidos de rascar algún escaño más. Pero con todos mis respetos, es una opción que no termina de convencerme. Y me van a permitir que comparta en voz alta mis dudas sobre este asunto.

Básicamente, el voto útil consiste en suprimir la primera opción del votante para quedarse con otra menos deseable pero con más opciones de gobierno. Es decir, ir a votar no lo que se entiende como bueno, sino como menos malo. Esto resulta una posibilidad interesante en casos extremos, como por ejemplo el de las últimas elecciones francesas, pero no en nuestro caso. Aunque el voto útil favorezca a los electores, que pueden ver cumplidas ciertas expectativas a cambio de renunciar a otras, el beneficio mayor lo logra el partido mejor posicionado, que con este argumento consigue captar un puñado de votos sobrevenidos y, sobre todo, arrancárselos a formaciones más pequeñas. Porque este voto, como saben, es útil sólo para algunos y bastante inútil para todos los demás. Desde este punto de vista resulta un argumento rancio, de esos de vieja política, aunque haya partidos nuevos que apelen a la misma estrategia.

Pensando en nosotros, los electores, es una forma un poco ingenua de descartar la pluralidad, que exige mayor criterio a la hora de decidir, incluso más compromiso: el voto útil no deja de ser un negocio de última hora. En todo caso, dándole de antemano mayores posibilidades a otros cumplimos nuestra propia profecía. Si todos los que están pensando en voto útil votaran lo que de verdad quieren quizás nos llevaríamos alguna sorpresa.

Yo me he puesto a pensar para qué o para quién quiero que sea útil mi voto, y eso es lo que ha terminado de convencerme. Les sugiero que hagan ustedes su propia lista, que finalmente será la lista de sus prioridades sociales y políticas, casi un esbozo de su forma de entender el mundo. No les contaré la mía, pero sí les diré que me gustaría que mi voto fuera útil para decir lo que creo, no lo que me hace titubear, y que iré a votar con íntima coherencia, hasta con alegría. Todo lo demás es engaño, es voto inútil. voto util2

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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