EMTUSA

Que el transporte público es una de las grandes deficiencias de Huelva no
es decir nada nuevo a estas alturas, pero resulta más sangrante
reconocerlo cuando, sobre las pocas posibilidades existentes sobrevuelan
negros nubarrones y la Empresa Municipal de Transportes Urbanos pende en
la actualidad de un hilo. Lo cierto es que no se llega a esta situación de
un día para otro, lo que pasa es que es ahora, en momentos de falta de
liquidez, cuando la tentación de desmantelar una empresa pública tan
longeva es muy grande, ya saben el discurso: “son ajustes inevitables que
se nos exigen desde los mercados”.

El problema de EMTUSA no es sólo que, como empresa de servicio público
municipal, no deba regirse por parámetros estrictamente monetarios del
coste-beneficio, y que sea el Ayuntamiento el que tenga que asumir los
déficits de explotación, el problema es la bajada del número de viajeros y
la sensación de que la empresa poco o nada ha evolucionado en la última
década. En ese sentido cualquiera que se haya movido por otras ciudades de
España, grandes medianas o pequeñas, del norte o del sur, da igual,
comprobará con envidia cómo los horarios son muchísimo más amplios,
existen buses nocturnos los fines de semana, más líneas, flexibilidad de
trasbordos, información en tiempo real en las marquesinas de los pasos,
aplicaciones para móviles y, sobre todo, mucha más regularidad. De todo
eso carece Huelva. Aquí no se puede coger un bus a partir de las once de
la noche, los fines de semana ni hablamos, hay ciertas líneas en las que
permanecer en las paradas implica un acto de fe (la línea 6, por ejemplo)
con una frecuencia de paso cercana a la desesperación, y todo ello con
unas tarifas poco equitativas, según los recursos económicos de los
viajeros. También recuerden la polémica por no querer hacer servicios a la
zona de ocio del Nuevo Colombino, o la promesa incumplida del acuerdo para
llegar a los Hospitales Vázquez Díaz o Infanta Elena.

Y ahora todo eso pesa, cuando no se cobran las nóminas y el gasoil está
caro y los autobuses envejecen y no se renuevan. Y muchos se estarán
lamentando de no haber tenido sentido de visión global y no haber hecho
todo lo posible por ofrecer un servicio que de verdad resuelva los
problemas de movilidad de los ciudadanos, y digo todos, de arriba abajo,
pero evidentemente hay una responsabilidad más alta de sus gestores y del
Ayuntamiento, por omisión o incapacidad. Desgraciadamente la empresa
municipal vive en permanente cuestionamiento, esperemos que no sea
demasiado tarde y que, ante el momento de dificultad presente, la solución
no sea desmantelar sino reflotar. En Huelva muy pocas cosas sobran, y
desde luego todo lo relacionado con el transporte público mucho menos.

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Victor Rodríguez

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