En bicicleta

Están pintando las aceras con caucho rojo. Es el carril bici. Está bien. Más o menos. No sabemos si es una cuestión estética o de convencimiento. Se supone que, en los próximos años, las ciudades irán mudando de nuestro actual y caótico modelo de movilidad, basado casi exclusivamente en el coche, a otros modelos de transporte colectivo, peatonalización y aire respirable. Se supone. Así que el carril bici es un gesto, aunque se queda corto y deja entrever errores de fondo.

Para empezar: casi todo su trazado está sobre las aceras. A quién tiene que desplazar la bicicleta no es al peatón, sino al vehículo, por lo que lo lógico sería reducir la carretera, y no la zona peatonal. En realidad no haría falta empantanar las ciudades con otro carril de tráfico, que por otra parte confunde e irrita a peatones y conductores: las bicicletas deberían poder compartir el asfalto con motocicletas, autobuses y vehículos particulares. No hay ningún problema para que esto sea así, excepto las criminales prácticas de algunos conductores. Un carril bici que sube y baja de la acera, que se cruza una y otra vez con la carretera, que zigzagea entre transeúntes y vehículos con estrechísimos márgenes, es un carril lento, incómodo para todos, y en absoluto incentiva el uso de la bicicleta. Si intentan atravesar la avenida Andalucía sin salirse del carril de caucho rojo descubrirán a qué me refiero.

Por otra parte: si el objetivo es fomentar el uso de la bicicleta (cosa que dudo) habría que hacer algo más que comprar botes de pintura. Bicis, por ejemplo, hacen falta bicis. Creo que la única entidad que tiene un servicio de alquiler de bicicletas es la Universidad. Debería cundir el ejemplo: las administraciones podrían poner a disposición de sus trabajadores bicis para las mil gestiones que se hacen. Para eso también hacen falta lugares para aparcarlas. Por supuesto: un buen servicio de alquiler público se ha demostrado lo más eficaz para popularizar este medio de transporte.

Y lo más importante: conciencia ciudadana. Huelva es una ciudad muy asequible para circular en bici. Cuesta un par de semanas acostumbrarse, pero a partir de ahí se empiezan a disfrutar sus muchas ventajas. Eso sí: exige también acomodar nuestros frenéticos ritmos de vida, pero esa es, tal vez, una de sus mayores ventajas. Y claro: no todo el mundo podrán usar la bici como alternativa (aunque mucha más gente de la que pudiera parecer en un primer momento), pero para eso están otras alternativas de movilidad: tranvía, autobuses, taxis… Lo que está cada vez más claro es que el vehículo privado es una opción inaceptable de cara al futuro de nuestras ciudades: invade mucho espacio, contamina, es cara y ruidosa… Deberíamos ir buscando cuanto antes nuestra alternativa. Prueben con la bici, es una de las mejores opciones.

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Gonzalo Revilla

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