En el dolor

Resulta difícil hablar ahora de fiestas navideñas, y no tener presentes a ese puñado de familias que se acaban de quedar ya sin ellas, o no las tendrán nunca más. La vida es siempre así, deshace planes y trunca futuros, y cuando se vuelve dolor lo que prometía ser fiesta sentimos cuán vulnerable era el hilo que nos mantenía atados a la rutina cotidiana. Qué sarcasmo y qué tristeza, que nuestros políticos, que acababan de empezar las fiestas con un espectáculo de acusaciones y denuncias, hayan de compartir hoy, codo con codo, el plomizo silencio de cuchillo de un funeral, para que así los onubenses veamos que somos, de verdad, su gente, que les importamos, que están ahí para servirnos, no para trocar la nobleza de su oficio en la algarabía vana de una jaula de grillos. Menos aún, para arrimar el dolor de los otros al ascua de su candidatura… Tal vez la gravedad de los hechos, que concita la solidaridad y coloca las cosas en su sitio, devuelva un poco de sosiego, de sensatez, a la alterada vida pública onubense. Señores, señoras, no les pedimos más que eso: tiren las piedras arrojadizas y quédense solamente con las piedras que sirven para construir una ciudad más humana, más de todos. Aunque sea una ciudad vulnerable, como la que hoy llora a sus muertos y heridos.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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