En la piscina

En un lugar de la provincia de cuyo nombre no quiero acordarme, están construyendo una piscina que mitigue las calores de aquellos que no pueden veranear en la costa. Hasta ahí todos contentos. La cosa se complica cuando abordan al alcalde en la calle y alguien, con no muchas luces, le espeta: “y ahora qué… ¿los negros también van a poder entrar, pues sólo faltaría eso?” El alcalde, que no sabe donde meterse, le contesta al lúcido que a una piscina pública puede entrar cualquier ciudadano. Esto no es ficción, ha pasado. Y lo próximo que será ¿reservar asientos en los autobuses, aseos y fuentes públicas “sólo para blancos” al estilo Alabama? El tema es grave porque entraña una suma tan grande de prejuicios, prepotencias e ignorancia que asusta. Frente al racismo sólo nos queda el posicionamiento, no podemos consentir ni un comentario más en esa línea. Porque, a poco que nos demos cuenta, será demasiado tarde.

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Victor Rodríguez

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