En lo pequeño

Nunca imaginó las consecuencias de su decisión. Porque en realidad no fue ninguna decisión: se enamoró, nada más. No fue un flechazo de esos de película, aún así aquella chiquilla se fue haciendo un hueco en su corazón y en su vida, y terminaron haciéndose promesas a largo plazo. Ella se llamaba Fátima, y era musulmana. Sus padres eran comprensivos, y hacían un esfuerzo por integrar su religión en Occidente, donde vivían. Pero aún así el choque de culturas era inmenso, los desencuentros frecuentes y las discusiones agrías y con poso: un noviazgo tempestuoso, como nunca hubiera imaginado. En la vida real los finales felices no sueles existir. Así que no hubo final feliz: mantuvieron a flote su relación, a duras penas, día a día. Pero, en definitiva, el amor y la opción por la convivencia triunfó sobre las tradiciones, las culturas y las religiones. Sin sospechar que su experiencia era una esperanza colectiva.

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Gonzalo Revilla

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