En lucha, perdonen las molestias

Iba a fastidiarles el domingo recordándoles los recortes de este viernes. Ya ven para que ha quedado el día más esperado de la semana. Pero parece que en esta ha habido tregua. O no, porque a lo largo de la semana los analistas de decretos encontrarán entre la letra pequeña algún que otro recorte olvidado en la rueda de prensa de Soraya.

En fin, que me cogen contento y con pocas ganas de hurgar en las medidas gubernamentales o en los poco alentadores datos del paro.
Y me cogen contento porque termina una semana en la que, por fin, hemos visto cómo los universitarios tomaban la iniciativa y denunciaban los recortes en educación a través de un encierro en la Facultad de Trabajo Social (siempre a la vanguardia, muchachos).

También me cogen contento porque se celebró el 1 de mayo más concurrido de los últimos años. La clase trabajadora va retomando conciencia de clase y empieza a sumarse en la lucha contra los recortes. Sigue habiendo desunión sindical, sigue habiendo errores, pero surge una voluntad de muchos de que se retome, parafraseando al famoso movimiento, un sindicalismo real ¡ya! No uno dedicado a recoger fondos de formación y organizado en torno a liberados sindicales, más preocupados por mantener el puesto que las condiciones de trabajo de sus compañeros, sino un sindicalismo que sirva de cauce para que los trabajadores puedan defender sus derechos, por encima de siglas. Y eso está surgiendo.

Y me cogen contento porque el sábado que viene las calles de toda España van a volver a llenarse de personas gritando que no somos mercancía en manos de políticos y banqueros. Va a hacer un año desde aquel 15 de mayo que sorprendió a propios y extraños con la capacidad de aglutinar a todos los ciudadanos desencantados con las formas de hacer política y economía con las que se nos gobierna. Desde entonces ha habido muchas meteduras de pata, muchos errores por parte de un movimiento víctima de su propio éxito -al estilo de esos jóvenes que triunfan demasiado rápido y no son capaces de digerir su éxito- pero también han sido muchos los logros. Y sobre todo muchos los motivos que siguen haciendo necesario que sumemos voluntades contra la intención de los plutócratas de acabar con la democracia, con los derechos sociales y con las libertades públicas.

Y esto me lleva a creer que los dirigentes políticos empezarán a tomar nota y empezarán a corregir el rumbo de una política que no sólo nos está llevando a la ruina económica sino a la ruina social. Nuestros gobernantes y aquellos que los gobiernan deben empezar a entender que no pueden administrar la cosa pública contra los ciudadanos, que si nos va bien a todos también ellos salen ganando, ¿o no? En fin, que me alegra que cada vez más gente salga a la calle a decir: ¡BASTA!

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Javier Rodríguez

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