Encogidos

Hay una escena en “Inés y la Alegría”, la novela de Almudena Grandes, que se parece mucho a esa otra del Quijote en la que el hidalgo caballero decide liberar a un grupo de presos.

Un grupo de soldados republicanos, incorporados al ejército aliado contra el fascismo, varios años después de que Franco diera por concluida su guerra contra la legalidad vigente, atraviesa el pirineo catalán y ocupa el Valle de Arán. Este es un hecho histórico que sucedió en 1944.

En la novela, la autora, imagina una escena insólita. El ejército aliado, en una escaramuza, se encuentra con uno grupo de de más de cien presos republicanos haciendo trabajos forzados para el dictador.

Los liberan y se produce una estravagante situación: todos los presos huyen despavoridos. Nadie entiende nada, salvo la compañera del comandante del regimiento, que había sufrido las cárceles franquistas, la represión de los primeros años de la posguerra y la dictadura, no en el exilio, como los combatientes, sino en el interior, que se lo explica a su pareja de esta manera: “Tú no has estado aquí. No has visto cómo nos rompían los huesos, una vez, y otra, y otra más. Cinco años de palizas (…) y nosotros cada vez más encogidos, más pequeños, más cobardes…”

No sé porque tuve la sensación de que la historia se repite. La lejanía es mucha: lo brutal de la represión franquista, la guerra, la posguerra, los campos de concentración y los campos de trabajo franquistas, sus cárceles, son algo que, afortunadamente, han quedado muy lejos.
Podemos acusar a los actuales gobernantes de muchas cosas pero, evidentemente, no de seguir usando esos medios de represión, sin embargo, cuando la leí establecí el paralelismo con la escena del Quijote, primero, con la situación actual, después.

“Cada vez más encogidos, más pequeños, más cobardes…”. Será por eso que la ciudadanía no responde, que se queda parada o huye a sus casas, pensé.

Por eso, esa gran mayoría de la que hablan algunos movimientos no se suma a ninguno esas iniciativas que luchan contra el desmontaje de la democracia o luchan por una de verdad, porque la propaganda, la represión, la inoculación del miedo está haciendo su efecto. “Os hemos dado la oportunidad de volver a ser libres, ¿es que no lo entendéis? Os hemos liberado (…), ¿por qué salís corriendo?” O entendemos esto o seguiremos cometiendo los errores de bulto del pasado. Hay que luchar contra el miedo.

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Javier Rodríguez

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