Encuentros

El verano es como un acordeón que lo mismo se estira se encoge, al menos eso es lo que se piensa según la edad. Los niños ven el período estival largo, larguísimo, mientras para los adultos apenas supone unos días de descanso del trabajo cotidiano. Pero el verano tiene otros alicientes, sobre todo viéndolo desde esa ilusión del niño. Es viajar, es romper monotonía, son amigos dispares, es el mundo al revés. Hoy viene mi sobrina Maialen a pasar unos días desde el norte, en busca de playa, de sol y de luz, pero también, en busca de Amaia, que es mi hija. Juntas harán un tándem inseparable el tiempo que les dure este “amor de verano”, querrán hacerlo todo a la vez: comer, dormir, bañarse, hacer castillos en la arena, vestir del mismo color… inseparables porque el verano lo permite, que es una especie de navidades pero menos obligadas y más intensas, son primas hermanas, que aquí se sentirán más hermanas que primas.

Al crecer, todo esto se va enturbiando con las responsabilidades del adulto que no nos deja ser niños, pero en la memoria siempre nos quedarán aquellos veranos de amigos nuevos, de bici a pleno sol, de descubrimientos, de noches de sacos de dormir. Aun podemos vivirlo como si fuera la primera vez.

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Victor Rodríguez

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