Entonces vinieron

Los monjes no dan juego. Bueno, ellos sí, tan naranjas y tan inermes. Pero el régimen de Birmania no, definitivamente no. Por eso se van escurriendo de las portadas de la prensa y de los informativos. Por eso volverán al ostracismo para seguir como estaban, pero igual. La comunidad internacional se muestra tibia hasta la incompetencia, como otras veces. No se sabe cuántos muertos, no se sabe cuántos detenidos, no se sabe nada. Y la foto se va diluyendo: lo monjes pasan a las páginas de interior, a una esquina. El conflicto sólo sirvió, al fin, para recordarnos un poco de geografía. Birmania, Palestina, Sudan, Chechenia: la lista es larga. Los Derechos Humanos se vulneran sin apenas coste, con algún estremecimiento pasajero del resto del mundo. Nos escandalizamos con exquisita brevedad, sin memoria: enseguida ponen los deportes y nos entusiasmamos con los entresijos de la Formula 1 o los cotilleos del vestuario del Real Madrid. Birmania nos pilla muy lejos, y tal vez eso nos haga pensar que tiene poco o nada que ver con nosotros, que nada de eso, ni parecido, pasará jamás aquí. Pero, como en el poema de Beltor Brecht, cuando vengan a por nosotros tal vez no queda nadie a quien quejarnos, nadie para defendernos.

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Gonzalo Revilla

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