Eres mía

acosoEl posesivo personal se ha convertido en la única manera en que muchos adolescentes se refieren a su pareja. Si es mía puedo disponer a mi antojo, forma parte de mi propiedad, está a mi servicio. Vivimos en una sociedad que ha cosificado a sus individuos; no somos trabajadores, sino medios de producción, no tenemos gustos, sino tendencias de mercado, no somos votantes sino mayorías que otorgan poderes. La sociedad española ha avanzado mucho en Democracia, pero hay algo que se ha quedado gravosamente por el camino: la educación. Abrazamos entusiasmados ese principio tan liberal del laissez faire, laissez passer, dejar hacer, dejar pasar, creyendo que era el mejor antídoto a los años de la letra con sangre entra. Los niños pasaron de ser los últimos a ser los primeros, de quedarse a la cola en la satisfacción de necesidades o gustos, a ponerlos por delante de padres o educadores. Y esos niños fueron creciendo, aderezados con la telerrealidad televisiva que alienta el éxito inmediato a lo Gran Hermano y sus múltiples extensiones. Cuando yo era adolescente a las niñas de mi edad les encantaba el repetidor que tenía moto, la diferencia es que la moto era el lujo de muy pocos y las malas notas eran el mayor de los pecados y el temor de presentarte delante de tus padres. Y hoy la televisión está llena, no ya de repetidores, sino de auténticos analfabetos que llenan horas de programación y ganan mucho dinero.

Contra este estereotipo, la cultura del esfuerzo, del respeto, del compartir, de los valores de la superación y el bien común, se arrinconan hasta el punto de quedar condenados al ridículo.

Todo lo que se ha sembrado se recoge ahora con problemas tan graves como el machismo y la violencia en edades bien tempranas, que normaliza el maltrato, el abuso, la humillación como pruebas de amor que consentir porque, en el fondo, mi pareja me quiere y por eso me somete. Lo peor no es que haya jóvenes que muestren esa actitud violenta, sino que se admita entre las niñas como algo aceptado. Es como si no hubiéramos progresado y nos encontráramos en el punto de partida de los peores años de la falta de derechos de la mujer. Por eso, toda evolución social que no lleve aparejada una sólida base educativa y de valores, está condenada a la involución. Es simple y hay que recordarlo: aquí nadie es de nadie, el amor es compartir y respetar, lo demás, esclavitud.

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Victor Rodríguez

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