Escuchando el transistor

La pasada tarde del domingo, los aficionados al fútbol hemos vivido eso que se llamaba en otros tiempos “una tarde de transistores”, en el seguimiento de los partidos que han decidido el campeón de liga. Y, aunque parezca antiguo, es el transistor el único medio en tiempo real que tengo para enterarme de lo que han hecho, tanto Real Madrid como Barcelona, dado que el resto de posibilidades, las visuales claro está, están limitadas para el público de pago, público que antaño se diferenciaba por apreciar una mejor producción de los partidos o por contar con comentaristas de más renombre. Hoy las retransmisiones futbolísticas importantes sufren la tiranía del negocio de las élites (otra más) que obliga a pasar por caja o la nada.

 

Las alternativas audiovisuales se asemejan a lo que antiguamente representaba el Canal Plus codificado; un quiero y no puedo. Por ejemplo, el canal de TDT en abierto Real Madrid TV. La primera vez que ingenuamente me asomé a su señal y vi la figura de Zidane mientras se disputaba el partido. Me ilusioné con el regalo a la afición madridista que le hacía “su” canal. La frustración apareció cuando, cinco minutos después, la cámara seguía enfocando al entrenador y en ningún momento aparecían los lances del juego. Hagan la prueba y vivan la surrealista experiencia de ver un partido sin verlo, una miel en los labios al burro que no se la merece… el paladar avezado es para, otra vez, los que pagan.

 

Esta semana, en el Festival de Cannes, se han estrenado dos películas que no se verán en cines, sino sólo bajo la demanda del espectador suscrito a la plataforma de pago televisivo Netflix. Lo que obliga, no ya a hacer el ejercicio de pagar, sino de hacerlo todos los meses, en lugar del gesto aleatorio de ir al cine cuando y donde cada uno quiera.

 

A veces siento que hay un universo paralelo de series de culto, redes sociales y otros interesantes bonus que hace tiempo me perdí al no querer pagar por ver televisión o no querer vender mi intimidad al diablo del big data (perdón por los anglicismos, la gran asignatura pendiente del idioma español actual).

 

Estae domingo pasado puse mi transistor a pilas en la cocina para enterarme quién ganó la liga, soporté estoico el empacho publicitario, sólo me faltaró sentarme a la puerta de la calle con la fresca en mi silla de enea. La España del 2017 vuelve a los años 50, así nos quieren.

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Victor Rodríguez

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