España, Fernando "Pesetillas", la cuneta, el juez Garzón y Antonio Machado

Hola a todos:

Hoy me he acordado de Fernando “Pesetillas”. Este hombre falleció hace un par de años. Era de mi pueblo, trabajó un montón de años con mi padre y vivía en mi barrio. Las casualidades quisieron que coincidieran en la UVI del hospital “Ramón y Cajal”. Mi padre, reanimándose después de una operación de próstata. Fernando entre la vida y la muerte, por una peritonitis. Finalmente ganó la muerte.

Fernando “Pesetillas” no conoció a su padre. Lo fusilaron los nacionales cuando entraron en mi pueblo en 1939. Crímenes de sangre u otras violencias no cometió el padre de Fernando. Su delito era ser militante del PSOE. Nadie sabe dónde lo enterraron los falangistas que ocuparon el pueblo. Es posible que esté en alguna fosa común en algún cementerio municipal de algún pueblo de Jaén, o en una cuneta.

Fosas comunes y memoria. Probablemente el error del juez Garzón fue la intromisión profesional. No dejar que fueran arqueólogos e historiadores, los que se dedicaran a la memoria y a las fosas. En un país de cainitas, de transiciones dudosas, intentar hacer justicia es labor quijotesca. Porque justicia es saber dónde está enterrado el padre de Fernando, o que en el expediente militar del general Batet no conste que fue fusilado por rebelión militar. Dos ejemplos, entre cientos de miles. Y al juez Garzón se la tenían juradas muchos cainitas. Dicho sea de paso, a mi los jueces me gustan como los árbitros de fútbol: que no se noten. Y Garzón no reúne esa condición.

Que la izquierda cometió crímenes durante la guerra civil, es verdad científica. Y yo lo sé porque en mi pueblo hay una placa en la iglesia que nos recuerda los nombres de los fusilados por su condición derechista, católica o de propietario de tierras, o todas juntas. Y por las historias que oí contar a mis abuelos y a mi padre. Y también porque a un hermano de abuelo lo asesinaron los socialistas. Pero lo curioso del caso es que era de la CNT.

Dicen algunos autores que los crímenes del Frente Popular eran la reacción de las masas obreras y campesinas ante el golpe militar. Una explosión de rabia contenida durante siglos. En frente, dicen esos mismos historiadores, la violencia planificada de los militares y sus colaboradores. Incluso el maltrecho gobierno republicano llamó al orden, intentó controlar las tropelías de las organizaciones obreras que le daban sustento. Hay un discurso de Indalecio Prieto, diputado y dirigente socialista, en el que llama a los socialistas a frenar la violencia, a “no ser como ellos”.

Pero es igual. Ante la situaciones más brutales y miserables, siempre hay espacio para la compasión. Como Durruti salvando la vida al arzobispo de Barcelona. O como los escritores falangistas que intercedieron por Miguel Hernández. Los crímenes de la derecha no justifica los de la izquierda, ni viceversa. siempre se puede optar por la luz.

Y luces fue lo que trajo la Segunda República. En medio de enormes dificultades, de una crisis económica mundial, con una estructura económica atrasadísima, con hambre y analfabetismo, los primeros gobiernos republicanos se lanzaron a desarrollar un programa que incluía cosas de las que ahora disfrutamos y vemos normales: la separación entre Iglesia y Estado, el voto femenino, la extensión de la enseñanza pública y de la cultura, la legislación laboral… Baste decir que en la Constitución republicana se dice que “España renuncia a la guerra como instrumento de politica internacional”.

Tengo delante de mi un tomo de la Historia de España de Tuñón de Lara, el que se encarga del perído que va de 1923 a 1939. Hay una fotografía del primer gobierno republicano, provisional. la diversidad ideológica de sus integrantes es notable, posiblemente tuvieran sus limitaciones y sus miserias. Pero en todos se ve la clara intención de hacer algo bueno por el país.

Intención muy lejana a la de aquellos que relanzaron la cuestión de la guerra civil, Pío Moa, César Vidal, Jiménez Losantos y compañía. Gentes que, con la excusa del patriotismo, echaron sal en heridas mal curadas. Gentes que, con la escusa del patriotismo y el liberalismo, se han dedicado a hacer negocio, a vender malos libros pseudocientíficos y a conseguir concesiones de canales de radio y televisión digital. Patriotismo es otra cosa que adueñarse de la noción de patria. Liberales eran algunos de los integrantes del primer gobierno republicano.

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Que haya un juez que pueda ser inhabilitado por pedir el certificado de defunción de Franco o querer hacer un censo de fusilados por los militares rebeldes, da que pensar si está superado lo que decía el aforismo de Antonio Machado: “españolito que vienes al mundo, te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón”.

Lo dicho, un saludo.

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