Especulación alimentaria

{{¿Qué está ocurriendo?}}

Agosto 2011. Los precios globales de los alimentos suben por noveno mes consecutivo. El índice de precio de los alimentos de las Naciones Unidas alcanza récords históricos. El trigo ha doblado su precio desde junio de 2010 y el azúcar está en los niveles más altos de los últimos 30 años.

Los economistas avisan de que los precios de los alimentos básicos muestran escasa tendencia a estabilizarse. Es más, aseguran que los precios de los cereales y el azúcar aumentarán en los meses venideros.

{{¿A qué se debe esta situación?}}

El precio de los alimentos es viene marcado por varios factores:
Aumento de la demanda en países con economías emergentes, con cambios en los patrones de consumo. Ejemplo: mayor consumo de lácteos en China.
Estancamiento de la producción agrícola, debido a falta de inversión y a políticas de ajuste estructural priorizan la exportación en lugar de asegurar que se cubran las necesidades básicas de la población.
Producción de agrocombustibles en lugar de alimentos.
Subida del precio de combustibles fósiles y fertilizantes.
Fluctuaciones en el dólar.
Malas cosechas.
Especulación alimentaria.

Como de los otros factores ya se habla bastante para justificar las subidas constantes en los precios de la gasolina, de la luz o de los alimentos, me voy a centrar en la especulación alimentaria, que se comenta mucho menos.

{{La especulación alimentaria}}

La especulación en los mercados de alimentos no es algo nuevo. Ya en el siglo XVII se especulaba con el precio del arroz en los mercados japoneses mucho antes de que fuera cosechado. Hacia mediados del siglo XIX se creó en Estados Unidos el mercado de agrofuturos con la idea inicial de ofrecer a los productores con cierta cobertura (hedging) como seguro contra eventualidades.

La cosa funcionaba (y funciona todavía) así: en enero, un agricultor acuerda con un especulador la venta de su cosecha de trigo a un precio fijo en agosto de ese mismo año. El acuerdo se fija en un contrato. La ventaja para el agricultor está en la seguridad de un precio fijo en agosto. El interés para el especulador estiba en la posibilidad de que, llegado agosto, el precio del trigo suba por encima de lo acordado con el productor, con lo que conseguiría un beneficio por su venta. Este tipo de contratos de compra se conocen como derivados financieros y en el caso del trigo es un contrato de venta de futuros.

El agricultor pague una cantidad fija por establecer el contrato y transferir el riesgo al especulador. El especulador a su vez puede negociar un contrato de venta del trigo a un molinero en el futuro. El molinero se asegura un precio fijo por la mercancía y paga una cantidad fija por el contrato de compra de futuros. El precio final, claro está, es mayor que si el agricultor vendiera directamente al molinero, ya que está influenciado por el especulador y por las tasas de establecimiento del contrato. Paradójicamente, el especulador no suele recibir el trigo comprado para enviarlo al molinero sino que el mismo agricultor se lo envía directamente desde su granja. Al establecer acuerdos de compra y venta a la vez, el especulador limita su riesgo a la diferencia de precio entre ambos futuros. La justificación ética para la actuación del especulador está en la adquisición de un riesgo.

En un mercado regulado, este tipo de especulación es normalmente conocida como especulación “beneficiosa” y a los intermediarios se los llama hedgers en lugar de especuladores, porque ofrecen cierta seguridad. La desregulación de los mercados en la década de los 90 ha dado lugar a distorsiones en este tipo de especulación con consecuencias catastróficas.

[Seguir leyendo->http://www.canalsolidario.org/noticia/27210]

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