Esperando el milagro

La dimisión de Benedicto XVI como líder de la Iglesia Católica ha traído satisfacción para unos, preocupación para otros e indiferencia para muchos. Satisfacción de aquellos que entrevén una oportunidad única para que lleguen las reformas necesarias a la Iglesia; la preocupación de quienes temen cualquier cambio en la dirección de su Iglesia; e indiferencia para la mayoría, entre la que me incluyo, que ve imposible que cardenales seleccionados por dos papas conservadores consecutivos sean capaces de elegir a un papa modernizador. Lo más edificante a mi juicio han sido los motivos de conciencia esgrimidos por Ratzinger para dimitir. ¿Habrá marcado el papa con ese gesto el camino de la renovación? Quizás este año haya milagro.

La Iglesia Católica sufre el continuo desgaste de vivir de espaldas a la modernidad, privando a millones de cristianos de participar comunitariamente en las revoluciones sociales de su época. Los papas Wojtila y Ratzinger han colaborado en el vaciamiento de la transformación presagiada por el Concilio Vaticano II, cuestiones que siguen latentes y a la espera de solución. De este cónclave, más que un nombre, se necesita que surjan respuestas, acciones, movimiento: una respuesta contundente contra las causas de la vergonzosa pobreza de este mundo; una reflexión que otorgue a la mujer un espacio de igualdad intraeclesial; una descentralización de la propia estructura que dé más protagonismo a esa enorme masa de católicos latinoamericanos y africanos… Es tanta la necesidad de cambio, que sólo un milagro -un gran milagro- podría provocarlo con la elección de un nuevo papa.

Esperando un milagro, y con mil asuntos encima de la mesa vaticana, ¿tienen los católicos que seguir mirando a Roma para reconstruir su Iglesia? Quizás aquí sí que está el verdadero prodigio, el mismo que buscamos para cambiar al resto de la sociedad. Las bases, la masa, los desconocidos, canalizando y exigiendo la revolución desde abajo, provocando el cambio de la estructura y obligando a la institución con mayor peso histórico a humanizarse. Católicos como los que se agrupan en redes cristianas, como los teólogos defenestrados por atreverse a sacar los pies del tiesto o como todos aquellos asesinados por defender la Teología de la Liberación, han enseñado el camino. Si a su esfuerzo sumamos lo que nos ha enseñado el papa saliente, actuar desde la conciencia, otra Iglesia es ya posible.

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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