Estimado fascista:

Le tengo que contestar a usted, señor racista y xenófobo, que no desaprovecha la más mínima oportunidad de airear su ideología nazi, camuflada tras argumentos económicos, le tengo que contestar a usted y a su empeño en “echar del país a todos esos negros que nos roban nuestros puestos de trabajo”. Usted lo decía cuando la cosa iba bien porque su arrogante ignorancia no le iba a permitir en la vida reconocer que gran parte de la bonanza económica se la debíamos a los inmigrantes y su abnegado trabajo. Usted se empeñaba en aquello de la pureza de la raza, en una supuesta invasión islámica, para justificar su intención de cerrar las fronteras y echar de España a todos los que, según usted y sus amigos, nunca debieron asentarse en un territorio que consideran de su propiedad.

Ahora que la cosa va mal se siente con más argumentos: “lo dije, la culpa es de ellos, si no hay trabajo ni para los de aquí que se vayan de una vez” repite en la barra del bar, en la marquesina del autobús, en el banco del parque e incluso en la cama mientras duerme. Porque usted está obsesionado con el tema, sueña con él, se despierta con “horribles pesadillas” que le provocan esa mala leche que destila allá por donde camina.

Y esa mala leche y esa obsesión le impiden ver la realidad tal y como es. Déjeme que le ayude, por favor, que sé que lo está pasando mal y eso es lo que le provoca esa inquina tan dañina. No crea que le voy a vender ninguna moto, que le voy a decir que todo el mundo es bueno ni nada por el estilo, como dice el refrán “en todos lados se cuecen habas”, eso se lo tengo que reconocer.

Lo que le quiero explicar es que lo que usted pide no tiene sentido. Conozco gente que lleva toda la vida aquí, que se han criado en este país y a las que no les queda nada en el sitio donde nacieron. Conozco gente que ha disfrutado de las ventajas que dieron los años de bonanza, como usted, pero que ahora, como usted, sufren las consecuencias de esta estafa monumental que todos sufrimos. Que se ven amarradas a unas viviendas que, a duras penas pagan o que se ven en la calle, sin trabajo y sin nada, atados de pies y manos sin poder volver a ningún sitio aunque lo deseen.

La cuestión, señor racista y xenófobo, no es una disyuntiva que enfrenta a los de dentro con los de fuera, dilema, créame, más difícil de resolver de lo que usted puede imaginar. La cuestión es anterior que todo eso y fue denominada por un viejo filósofo como “lucha de clases” y enfrenta a los de arriba con los de abajo. Relájese, sienta que su vecino es su aliado en esa lucha, que puede cooperar con él. Y no se crea ninguna soflama que culpa a los inmigrantes de la actual situación, por ahí dicen que los que provocaron la “crisis” no viven en asentamientos chabolistas.

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Javier Rodríguez

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