Estos lodos

De aquellos polvos. Nos asustamos de la violencia cuando brota, pero la sembramos sin escrúpulo alguno. Podemos señalar, pero en definitiva todos estamos al final del dedo. Nos asustamos cuando los jóvenes se manifiestan crueles, inconscientes, salvajes. Pero les vendemos violencia en forma de videojuego, y no nos tiembla el pulso. Pretendemos, tal vez, que los niños, los jóvenes, racionalicen toda esa violencia, la digieran sin eructar siquiera. Y cuando vemos a un chico patear una papelera, o la cabeza de un compañero de clase, pues nadie mira hacia atrás: ese chico es un inadaptado. Y punto. No supo eructar. Claro que empiezan a ser muchos los inadaptados. Y eso sugiere males de fondo, fallos del sistema. No es tan mala la violencia como lo absurdo de la misma: es gratuita, carente de razones. Sólo atiende a ella misma. Esos polvos son los que mañana, casi hoy, mutarán en lodos. Más policía, entonces, para retirar el lodo de las calles, para encerrar a los inadaptados, cada vez más numerosos, para fingir que no pasa nada mientras pasa todo. Nos asusta la violencia cuando brota. Pero nos no asusta verla crecer. Ni alimentarla. Qué cosas. (proyecto@dosorillas.org)

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Gonzalo Revilla

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