Explotación doméstica

Para economía sumergida la del empleo doméstico: la gente decente, con un mínimo sentido de la justicia, se espantaría ante las condiciones laborales de muchas mujeres, extranjeras en su mayoría, que cuidan niños y ancianos, hacen de comer, limpian, planchan, y hacen todas las tareas del hogar por sueldos de miseria, en horarios interminables y flexibles, sin días de descanso. Y por supuesto: sin contrato ni cotización. Esto no es la norma, espero, pero les aseguro que tampoco es la excepción. Lo peor de todo, sin embargo, es la hipocresía de sus empleadores, gentes de bien, ciudadanos ejemplares que exigen para ellos mismos, en sus puestos de trabajo, lo que no ofrecen, ni de lejos, a las mujeres que tienen en casa. Incluso tratan de disfrazar la explotación laboral de obra de caridad: “les estoy haciendo un favor… ¡si no tienen nada!”… Pues dejen de hacer favores, y hagan justicia.

[Más información->http://www.caritas.org/esnewsroom/press_releases/PressRelease15_04_10.html]

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Gonzalo Revilla

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