Falta de Fondo

El pasado 1 de diciembre el Programa de Alimentos de las Naciones Unidas anunció la suspensión de ayuda humanitaria a 1’7 millones de desplazados sirios acogidos en Líbano, Jordania, Turquía, Irak y Egipto. El motivo que aludieron fue la falta de fondos provocado a su vez por “promesas de financiación insatisfechas”. Diez días después y gracias a una gran campaña de recaudación en las redes sociales, el PMA anunció que se retomaban las ayudas. Y es que visto que no iban a recibir lo que las entidades les habían prometido, la organización bajo el lema “un dolar, un sustento” decidió recurrir directamente a la ciudadanía, la cual respondió a escala mundial. Algunas entidades públicas también respondieron, no sabemos si porque ya lo habían decidido o porque la multitudinaria respuesta social ejerció cierta presión, el caso es que gracias a esto se recaudó más de lo propuesto en un principio y ya están aseguradas la mitad de las ayudas del mes de enero.

La falta de fondos a la que se refiere la ONU tiene que ver con un caudal que proviene de lo público sobre el cual la ciudadanía puede opinar poco tirando a nada. Por eso, que aunque está muy bien que la ciudadanía decida hacerse cargo de lo urgente, no debemos olvidar que para ello están esos fondos que supuestamente faltan. Sobre todo, porque sabemos que el verdadero problema no está en el déficit monetario sino en su destino y en qué se estima prioritario. Si la PMA se quedó sin fondos es cuestión de prioridades, porque puestos a sacrificar, siempre se sacrifica primero lo que duele menos, en este caso los cientos de miles de personas que huyen del horror. Los fondos que se mueven en las ayudas humanitarias es dinero destinado a sobrellevar la tragedia que pueda sufrir cualquier población civil mundial y que ha de salir del compromiso de todos los países miembros de las Naciones Unidas. Por tanto, tan importante como responder a la urgencia surgida, es hacer presión para que las entidades públicas hagan aquello a lo que se comprometieron.

Pero existe otro tipo de fondo que no se traduce en dinero, que tiene que ver con la condición humana de socorrer a quienes sufren, y que forma parte de ese conjunto de bienes que poseemos como comunidad mundial, porque es un fondo común que está pendiente de ser despertado y desperezado. Es un hecho que empieza a darse y que supondrá un cambio radical en el orden mundial, basado en un humanismo que pondrá a la vida en el centro de sus intereses. Pero que este cambio se dé y lo que tarde en hacerlo, no está en mano de ningún alto cargo, sino de una ciudadanía organizada, empoderada, consciente y libre.

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Carmen Murillo

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