«Fe»

Hecho de esperar que algo deseable suceda. También puede definirse como el conjunto de creencias que tiene una persona o grupo de estas. No debe confundirse con magia, aunque está muy extendida esta concepción que se basa en la repetición ritual de gestos y palabras y que suele tener plena confianza en que esa repetición litúrgica tenga como efecto la sucesión de hechos sobrenaturales o, si acaso, el mantener a la deidad correspondiente lo suficientemente satisfecha como para que manifieste su generosidad a los fieles. La magia, por otro lado, tiene nula confianza en las posibilidades de las personas. Una fe consecuente, sin embargo, muestra confianza en Dios, pero también en el Hombre. Confianza en que haya un Cielo, pero también en que la Tierra sea un lugar en el que todos lo puedan pasar razonablemente bien: que todos accedan a la vivienda, que no se destroce el medio ambiente, que se termine la pobreza, que nadie se vea obligado a ejercer la prostitución o a emigrar lejos de su tierra, que los soldados -todos- abandonen sus armas. Visto así, se entiende que un tal Jesús dijera que estas cosas las entienden los pobres, los que están en “la otra orilla”, y que son de difícil comprensión para los ricos. Para los pobres es deseable que las cosas cambien, para los ricos es deseable que no lo hagan. En la otra orilla las cosas, a veces se ven muy negras, pero la necesidad de que las cosas cambien alimenta la fe en que así sea.

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Javier Rodríguez

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