Feliz desconexión

Si estuviésemos en fechas navideñas sería normal desear felicidad, prosperidad, salud… En esas fechas y de forma casi automática nos nace estar más alegres y cercanos. Son tiempos, según nos ha transmitido nuestra cultura, para elaborar listados mentales de buenos propósitos, sacar lo mejor de nosotros mismos y aportarlo a la sociedad en un formato de solidaridad un poco edulcorada y manipulada.

Sin embargo el verano no está concebido para eso. Se relaciona el verano con la desconexión, y ya sea solos o en familia, nuestro entorno nos impulsa a planteárnoslo como el lujo que nos merecemos, no obstante llevamos todo un año currándonoslo y nos lo hemos ganado. Pero ojo, debemos ser conscientes que nuestra sociedad capitalista concibió este tiempo de descanso para incrementar la productividad el resto del año. Es decir que al sistema que nos mueve y nos configura socialmente, le importa poco tirando a nada, nuestras necesidades por nuestro propio bien.No está entre sus objetivos poner las herramientas necesarias para concebir una sociedad sana, libre y realizada. El verdadero interés que subyace detrás del concepto vacaciones es “dejar descansar a la máquina”, porque ha de seguir produciendo. Y como de producir, o más bien, de no dejar de producir se trata, el tiempo de descanso presupuesto, se ha convertido en realidad en una dinámica más de consumo, donde a un precio bastante alto, la persona se compra pequeñas dosis de sensaciones, las cuales como los perfumes, terminan evaporándose.

El significado de vacaciones tiene que ver con la libertad y con la desocupación, pero sobre todo con el vaciarse (vacuus), un hecho natural muy recomendable para todas las personas y que poco tiene que ver con las posibilidades económicas o con el estatus, un hecho natural que todo el mundo debería saber permitirse. Vaciarse del estrés, alejarse del ritmo cotidiano, para poder observarlo desde la distancia y con objetividad ver si va bien y si es lo que queremos,salirnos de la rutina para echarla de menos, poder ser en familia desde otra perspectiva a los roles adquiridos. Desconectar de lo que sabemos, del como nos han dicho que han de ser las cosas. Tiempo para coger aire con los ojos cerrados, tiempo para relativizar el tiempo o para darle todo su valor.

Desconectar para volver a conectar como persona renovada, más feliz y más sabia. Y no para volvernos más individualistas, más consumistas, más borregos. Lo dicho, feliz desconexión.

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Carmen Murillo

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