Filón danbrowniano

Se llevan las conspiraciones vaticanas: el “Código Da Vinci” ha abierto un exitoso filón literario. Y se pueden ver las librerías y los catálogos llenos de estas novelas que mezclan realidad con ficción, que juegan intencionadamente con la ambigüedad y el misterio. Es un fenómeno curioso, sobre todo teniendo en cuenta que este país se confiesa cada vez más aconfesional, y se aleja a grandes pasos de las parroquias. La gente pasa de la Iglesia, pero lee con voracidad sobre sus intrigas, sus sombras, sus sectas, sus vergüenzas, sus corruptelas. Se lleva todo esto: somos escrupulosos con otras religiones, respetuosos incluso hasta más allá de lo prudente, pero poner a parir a la Iglesia Católica y a sus parroquianos es un ejercicio consentido y divertido. No se. Supongo que son tiempos de cambios supongo que la Iglesia tiene pendiente un ejercicio de revisión y actualización de su paradigma, de sus certezas. Y supongo que hay algo de ajuste de cuentas en esta moda literaria. Lo cierto es que esos libros (algunos, por cierto, muy malos) se venden como rosquillas, y que la gente no acierta muy bien a distinguir dónde acaba la realidad y dónde empieza la ficción. Y así luego se lanzan acusaciones contra la Iglesia que también mezclan la realidad con la ficción. Ya digo que este boom literario responde a algo: no se bien a qué, y en cualquier caso no creo que sea obra de ningún maligno. Pero por supuesto: si tengo que elegir una novela sobre las sombras de la Iglesia prefiero “El nombre de la Rosa” a cualquier título danbrowniano. Cuestión de gustos.

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Gonzalo Revilla

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