«Fosfoyeso»

La palabra “fosfoyeso” es un ejemplo de cómo de una misma palabra se puede defender lo blanco
igual que lo negro y quedarnos todos conformes. Lo cierto es que la palabra no suena igual en el
despacho del señor Villar Mir que para los vecinos de Pérez Cubillas, por poner un ejemplo.
Mientras para el primero supone el resultado de una actividad industrial que genera beneficios
económicos, para los segundos es una montaña enorme que les impide ver Palos o Moguer y que
levanta nubes de polvo blanco de dudosa calidad medioambiental. Pero lo más chocante del asunto
no es tanto el debate sobre si son residuos peligrosos, inertes, cancerígenos o radioactivos, sino el
fondo de la sentencia de la Audiencia Nacional, que es el incumplimiento de las limitaciones a la
concesión del vertido pasando de tres a veinte metros la altura de los desechos o las filtraciones de
aguas ácidas a la ría. Imaginémonos por un momento que haciendo obra en nuestra casa en lugar del
contenedor por el que pago licencia me da por tirar a la calle el equivalente a la demolición del
Manuel Lois y nadie me dice nada y colapso varias calles con escombros hasta el sexto piso. Qué
razón tenía la hindú Fulan Debi cuando decía: “si matas a uno te condenarán a muerte, pero si matas
a cien querrán negociar contigo”. Y mientras, los ciudadanos esperando a que se haga justicia.

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Victor Rodríguez

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