Fracking

Hace tiempo los que hacemos esta columna elaboramos un diccionario que recogía algunos términos que habían cambiado su significado, o palabras que habían emergido para describir esta cambiante (líquida) realidad que habitamos. Tendremos que retomar aquello, porque la realidad sigue escupiendo términos nuevos a cada rato. La palabreja que titula esta artículo es un ejemplo: se refiere a un procedimiento de extracción de gas, y consiste en inyectar, a través de pozos, millones de litros de agua, mezclada con otros productos químicos, para traer ese gas a la superficie. Fractura hidráulica: así de entrada no suena bien, nada bien.

Las organizaciones ambientalistas están denunciando esta práctica. “Vaya, los verdes, dando el coñazo, como siempre, poniendo pegas a todo…” Lo cierto es que las denuncias de estas organizaciones, por desgracia, han terminado siendo ciertas, y el planeta se enfrenta a un escenario caótico, precisamente por no hacer caso de los gritos de alarma de los verdes. Así que no está de más escuchar lo que tiene que decir.

En primer lugar advierten de los peligros que para el subsuelo inyectar productos químicos, que quedan en el subsuelo, y cuya repercusión no está suficientemente estudiada. Parte de estos líquidos vuelven a la atmósfera en forma de gas, provocando contaminación del aire. O quedan en pozos expuestos a filtraciones. También hablan del impacto de tanto movimiento de tierra, incluso de sismicidad inducida. Resumiendo: mucho impacto para poco gas, ya que hablamos de explotaciones residuales, de difícil acceso.

Al margen de las advertencias de los ecologistas: estamos en lo mismo de siempre, una sociedad absolutamente dependiente de la energía, que ve como estamos llegando al pico del petróleo, que sabe que el consumo actual (más aún si se suman a la fiesta países como China o la India) es insostenible, y que aún así se empeña en seguir exprimiendo un poco más, un poco más, un poco más, con el único objetivo de seguir haciendo caja.
Una locura que nos conduce, directamente, al desastre.

Hay que parar, dotar de sentido común nuestras políticas energéticas, hay que reconducir esta obsesiva dependencia de la energía, dar un paso atrás para poder seguir andando, equilibrar, decrecer, poner límites, apostar por otros modelos, renunciar a mucho para tener algo. Pues eso.

[Más INFO->http://www.greenpeace.org/espana/es/reports/Fractura-hidraulica-para-extraer-gas-natural/]

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Gonzalo Revilla

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