Fragmentación y lucha social

Los sindicatos mayoritarios, junto con algunas fuerzas sociales, han convocado para este sábado 15 una manifestación en Madrid, en un esfuerzo por canalizar la indignación de la clase trabajadora y de los parados y ciudadanos afectados por los recortes. Saben que se juegan mucho, porque sin el respaldo de mayorías significativas no tienen ninguna capacidad de negociación con el Gobierno de turno. Tratan de recuperar la base social que han ido perdiendo en todos estos años de bonanza, en parte por culpa de una acción sindical de baja intensidad; y en parte por la fractura de la clase trabajadora, consecuencia de las reformas laborales de unos y otros gobiernos. En definitiva: se juegan su futuro.

Los ciudadanos vemos eso con cierta distancia. Y con cierta relajación. Las críticas son furibundas a veces, con o sin razón, y los apoyos muy tibios: saben que los sindicatos son importantes, que cumplen una incuestionable función social, pero son conscientes de sus límites y sus perversiones, y a nadie le gusta tragar ruedas de molino. Habrá que esperar al Sábado para ver la repercusión, pero es evidente que no estamos ante un clamor uniforme y contundente, y que la gente tiene demasiadas dudas, demasiados miedos, demasiados prejuicios también.

Y para aumentar las dudas: se ha convocado, pare el 25 de este mismo mes, una acción bajo el lema “Ocupa el Congreso”, que ha incendiado las redes sociales, generando un intenso debate sobre la oportunidad y la viabilidad de la iniciativa. Es una acción convocada desde los movimientos de indignados, y precisamente de estos sectores han llegado las críticas más afiladas. Aunque es un acto simbólico, y no se va a entrar en el Congreso, muchos lo han interpretado mal, y temen que se pueda volver contra la ciudadanía, debilitando las instituciones democráticas y poniéndonos a los pies de los caballos. Los movimientos de izquierda demuestran, una vez más, la capacidad de fragmentación que tienen.

Hay más ruido, no crean: por correo electrónico y redes sociales, por el móvil, llegan a diario cientos de iniciativas, más o menos peregrinas: dejar de comprar productos del exterior, pedir el cese de los políticos, no consumir gasolina tal o cual día, sacar colectivamente dinero de nuestros bancos… Por un lado impresiona la imaginación y las ganas de lucha de la gente. Por otro lado asusta la dispersión de iniciativas y la falta de estrategias comunes, la ausencia de un pensamiento alternativo solido y argumentado, que huya de la improvisación.

¿Cómo posicionarnos ente todo este ruido? Creo que el único error es la pasividad, porque eso perpetua el actual orden social, tan injusto. Diálogo, paciencia, respeto, resistencia, pensamiento crítico, flexibilidad, argumentación… todo eso hará falta para seguir adelante.

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Gonzalo Revilla

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