Francisco fue a Lampedusa

Francisco, ha vuelto a pasar. De nuevo vuelve la muerte a tener más importancia y presión social que la vida. Han tenido que rondar los trescientos para llamar la atención, porque si son uno, tres o seis no cuentan de la misma manera, ni siquiera si de seis en seis llegan a sumar más de trescientos o quinientos o miles, como se lleva ya cobrado este brazo de mar que es el Mediterráneo. Murieron como inmigrantes pero son sepultados como ciudadanos europeos, con nacionalidad italiana. No parece ser que vayan a tener tanta suerte aquellos que tuvieron el atrevimiento de sobrevivir.

Ha sido en Lampedusa, Francisco, allí donde tú hace unos meses quisiste como líder religioso mundial, hacer un gesto sencillo y discreto de anuncio y denuncia para el mundo entero. Y a la gente le gusto tu gesto Francisco, a católicos, no creyentes, descreídos y hasta a mi.

Es imposible que el corazón, el alma y la mente no giman ante tanta barbaridad, ¿verdad?. Ante tanta vida regalada a la muerte y ante tanto despropósito político. Y cuando digo político perdóname pero también me refiero a ti Francisco. Yo sé que tu gesto iba dirigido a querer visibilizar a los invisibilizados. Y con toda tu buena intención hasta tiempo tuviste de celebrar una eucaristía, allí con ellos, aun cuando la mayoría probablemente sería de fe musulmana. Pero te fuiste Francisco y Lampedusa pasó a ser un poco más conocida y tú aun más entrañable, pero ellos, los sin-papeles, los inmigrantes ilegales, los no-bienvenidos se quedaron igual. Aquellos que se ven obligados a huir del horror, del miedo, del hambre y paradójicamente de la muerte, siguieron siendo nada para la ley.

Dicen que eres distinto Francisco, y yo aunque no quiero desmerecer todo lo bueno que estás haciendo, sigo sin entender ciertas cosas. ¿Por qué revestido de humildad usaste las mismas formas mediáticas que usa el mundo, esas que sin querer nosotros, hacen que terminemos siendo esclavos de un “buenismo intencionado” y a ellos los verdaderos protagonistas de la tragedia, actores de relleno de nuestros actos? Dicen que eres distinto pero yo veo que hay cosas que siguen sin cambiar. Tu ser mediático se antepone a tu ser profeta llamado a denunciar y rechazar todo aquello que huela a antievangelio. Ellos tus fieles siguen ovacionándote como hicieron con tus antecesores y aquellos los que zarpan intentando llegar a las costas de Lampedusa aun después de tu visita, siguen valiendo más si cuando llegan lo hacen ya muertos.

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Carmen Murillo

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