Frente a la nocturnidad: empoderamiento

La foto es de lo más ilustrativa: los portavoces del PSOE y del PP en el Congreso, José Antonio Alonso y Soraya Sáenz de Santamaría, sonrientes en el Registro de la Cámara Baja, con la propuesta de reforma constitucional bajo el brazo. El objetivo es poner techo a la Deuda Pública. Y se han puesto de acuerdo. Curioso, con lo que les cuesta meterse en Reformas Constitucionales, que lo hagan tan rápido para esta. Pero en esta ocasión son los mercados los que han dictado la reforma, y parece que eso disuelve las rencillas. Hacerlo en agosto, por otra parte, es de mal gusto: uno vuelve de las vacaciones y se encuentra la Carta Magna modificada, “nada, unos retoques necesarios para engrasar la economía”, dicen.

La Deuda, esa terrible amenaza. La sensación que va quedando es que somos un desastre de país en cuestiones de Deuda. La realidad, sin embargo, es que estamos por debajo de la media de la Eurozona. Pero así se van construyendo los discursos, con sensaciones. Después vendrá lo de reducir el gasto público, y claro, la Sanidad y la Educación estarán los primeros de la cola. Menos Estado, más Mercado, y esa fórmula aplicada hasta el infinito y más allá. No hay más opciones, no hay otras alternativas, son imposiciones europeas, ineludibles… ¿seguro?

Hay otras opciones, claro. Lo que ocurre es que no son del agrado de los que pagan las campañas electorales: revisar la carga impositiva de los grandes capitales, la lucha contra la evasión fiscal, los recortes en las partidas de gasto militar. Pero todo esto nos pilla con el paso cambiado: tenemos una democracia de baja intensidad, poco (o nada) acostumbrada a preocuparse por los presupuestos, ni siquiera los de nuestros municipios, y todo lo que suena a economía preferimos tenerlo lejos. Pagamos nuestros impuestos con mala gana y nos desentendemos de lo que se hace con ellos. Un error que estamos pagando.

Y ahora nos quieren cambiar la Constitución en verano para evitar que el Estado se endeude en exceso. Deberían consultarnos. Eso nos obligaría a conocer la reforma, sus consecuencias a medio y largo plazo, las intenciones de quienes la proponen. A crecer como ciudadanos, en definitiva. A empoderarnos. Ardua tarea para tan breve lapso de tiempo. Pero ineludible. De momento, sobre la reforma inminente, hay una [campaña exigiendo un Referéndum->http://www.vnavarro.org/?p=6087] que obligue al debate, al intercambio de ideas. Mucho mejor, por supuesto, que este ejercicio de nocturnidad y de complicidades sospechosas.

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Gonzalo Revilla

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