Fronteras II

Corea sigue siendo el único país entre los que distintas guerras separaron en el siglo pasado que sigue dividido. Lo que sabemos de las dos Coreas es muy poco, suena este a conflicto lejano -en el tiempo y en el espacio- con tintes estrambóticos y poco más: un dictador ridículo y criminal a partes iguales por un lado, muchos de los bienes de consumo que llegan a nuestras manos con el sello de “Made in Corea” y pocas garantías de justicia social en la otra parte, la constante amenaza nuclear de una parte, el imperialismo de la mayor potencia militar del mundo que allí tiene desplegados decenas de miles de soldados de la otra. Y para de contar. Eso es lo que sabemos o eso es, al menos, lo que nos han contado.

Poco sabemos sobre un conflicto que ha tenido mayor poder de destrucción que el que tuvo la II Guerra Mundial sobre Europa y Asia, en el que han perdido la vida unos cuatro millones de personas y que, aunque no esté en su fase más virulenta, tampoco se ha solucionado todavía ni parece que vaya a ser resuelto en un breve periodo de tiempo.

Corea es víctima de muchas cosas pero sobre todo de haber sido moneda de cambio entre las grandes potencias: China, Japón, los Estados Unidos de Norteamérica, la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas… que han utilizado su territorio, además, como campo de pruebas, y a sus habitantes como cobayas humanas de, entre otras cosas, armas químicas y biológias. Nada que desconozcamos, cierto, pero tampoco nada a lo que debamos resignarnos.

Estos días desde La Otra Orilla estamos trayendo esos territorios de frontera que nos denuncian a toda la Humanidad, al delatar nuestra incapacidad de entendernos, de resolver nuestros conflictos, nuestras diferencias, ejemplos que, encarnados en todos aquellos que sufren las consecuencias de las decisiones de unos estúpidos dirigentes que deben creer que están jugando a las batallitas o que están defendiendo oscuros intereses mientras sus “súbditos” son aniquilados, vejados… y Corea es un ejemplo paradigmático de ello. Estos días que muchos dedican a contemplar imágenes talladas sobre lo que fue la Pasíon de Jesús de Nazareth hace muchos años, deberíamos hacer el esfuerzo por comprender que esas imágenes están actualizadas en personas que, a veces cerca, a veces lejos de nosotros, están sufriendo en sus carnes el dolor de verse envueltos en un conflicto que ellas no han causado.

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Javier Rodríguez

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