Fronteras III

Dicen que en el “tren de la muerte” sólo hay una cosa que no se te puede olvidar: mantener los ojos abiertos. Un sueñecito, un despiste, puede ser fatal. Ser violada, secuestrado o asesinado es el destino de muchos de los migrantes centroamericanos en su travesía hasta la frontera norte de México. Y después de llegar al norte está la valla, y después, el desierto, y la Policía estadounidense, y los patriotas tejanos con rifles… Y más allá, los empleos basura, las redes de prostitución, los seguros médicos carísimos… Y al final, sólo al final, unos poco, muy pocos, alcanzan la categoría de ciudadano.

Y tras su estela, el dolor. Desde hace 10 años, madres guatemaltecas, nicaragüenses, salvadoreñas y hondureñas suben a ese tren de mercancías, también conocido como la Bestia, y repiten el recorrido que antes hicieran éstos. Buscan alguna noticia, una pista; no han recibido ninguna llamada desde que partieran; el sufrimiento sólo acabará cuando los encuentren, vivos o muertos.

México es considerado para los observadores internacionales como un “cementerio de migrantes”, está lleno de fosas de jóvenes que no pudieron pagar el precio de emigrar. En América, la tragedia se cierne cada día camino de la frontera sur de Estados Unidos, por mar o por tierra, replicando lo que ocurre en el resto del mundo, aquí mismo, en Ceuta o Melilla. ¿Y por qué se arriesgan? Porque viven en unas condiciones tan malas que la muerte no es un obstáculo; el sueño americano, el sueño del norte, es más valioso que lo que tienen cada mañana. ¿Y por qué los matamos? Es el gran fracaso del sistema: huir de la pobreza tras la llamada de la opulencia para acabar muertos, expulsados o maltratados. Ni los gobiernos de partida, ni el de paso, ni por supuesto el de llegada hacen nada, tratan al emigrante indocumentado como un delincuente o un terrorista, con la misma agresividad, ejerciendo una política capitalista donde sólo tienen valor cuando hacen falta. El control del movimiento de las personas es esencial para los postulados del capitalismo neoliberal, pues es usado para articular crecimientos a bajo coste o para responsabilizar a terceros de las problemáticas sociales. Que no nos engañen: nadie nos invadirá hoy a través de la frontera, lo hacen a través del supermercado.

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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