FSM: dignidad, derechos y libertades

Al llegar al Museo del Bardo los manifestantes guardaron un minuto de silencio. Allí, en ese lugar del horror que concentrara hace solo una semana la repulsa internacional contra el terrorismo, ha terminado la Marcha de los pueblos, una multitudinaria manifestación con la que se acaba de inaugurar esta edición del Foro Social Mundial en Túnez. He buscado con empeño noticias sobre esta manifestación, un escaparate de veinte mil personas de más de cien países que visibiliza la riqueza y complejidad del Foro, y no he encontrado nada en los medios tradicionales. Este artículo es un agujerito en ese muro de silencio, pues a pesar de todo el FSM sigue siendo el espacio más amplio de trabajo e intercambio con que cuenta la sociedad civil a escala mundial.

Aún se están desarrollando en la Universidad El Manar de la capital tunecina las más de mil actividades autogestionadas que componen el programa del Foro. La socialización de experiencias, el fortalecimiento de redes, las agendas de movilización y la búsqueda de alternativas están siendo los invitados de honor. Túnez fue también sede del anterior Foro en 2013, y en estos dos años los estallidos democráticos que dieron lugar a la primavera árabe se enfrentan en varios lugares a procesos contrarrevolucionarios. Junto a la batalla por las libertades, el acento del FSM está puesto en la defensa de los derechos y conquistas sociales.

Y es ahí donde esta Marcha de los pueblos de Túnez se da la mano con la reciente Marcha de la Dignidad que confluyó el sábado pasado en Madrid. La propuesta se alía con la protesta, la reflexión con la acción. En ambas convocatorias esta palabra, dignidad, ocupa un lugar central: sólo en torno a la búsqueda de la justicia y de políticas humanizadoras pueden responderse los grandes interrogantes de cualquier alternativa al sistema capitalista. Esta es la certeza más nítida del llamado movimiento altermundista, donde tanto la iniciativa internacional del Foro como la más local de las Marchas tienen cabida.

El altermundismo no se encarna en una práctica política concreta, y menos con los esquemas de una desgastada democracia. Pero donde nadie lo espera van surgiendo todo tipo de respuestas políticas, en Europa, en África o en América Latina. Hace falta una mirada amplia y, desde luego, mucha paciencia histórica, porque las conquistas sociales nunca han cuajado a corto plazo. El FSM es una de las realidades que hay que seguir apoyando en este recorrido.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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