Fundamentalismo religioso

Leyendo una entrevista realizada por el país al escritor Paul Auster, me sorprendía una declaración de éste, que leo textualmente:
“Hay un fundamentalismo cristiano que ha crecido como nunca, gente que cree ciega y realmente que el mundo se hizo en seis días y en la pena de muerte, por poner dos ejemplos… Desde Europa puede verse más jocosamente esto del anti darwinismo y el puritanismo, pero convivir allí con eso se hace difícil… ¿Cómo puedo tener una conversación con esa gente? El espacio común entre ellos y yo es mínimo. En EE UU hay dos mundos que no se hablan”.

Impresionada por esta afirmación he buceado por Internet descubro los siguientes datos que el 57% de los americanos es partidario de que se enseñen en las escuelas tanto el creacionismo como el evolucionismo. El 21% quiere que se enseñe sólo la evolución; el 12%, sólo el creacionismo; y el 6% no está seguro.

Parece que no hemos aún saldado viejas cuentas, que seguimos con tareas pendientes sin conseguir enlazar la ciencia y la modernidad. Como seres débiles y pequeños tenemos la necesidad de creer en algo superior, en la base sólida de unos pilares éticos suficientes que no se encuentren amenazados por los descubrimientos científicos.

Cuando algunos pensábamos que los progresos educativos iban a cortar el fundamentalismo de raíz, para mi sorpresa el fundamentalismo no sólo ha sobrevivido, sino que tiene una situación floreciente. De tal forma que en algunas escuelas del sur de los Estados Unidos se enseñe (con apoyo legislativo) el creacionismo “COMO UNA CIENCIA?”

Al pensar por qué surgen este tipo de pensamientos radicales aliñados con religión, me pregunto: ¿Es tan débil el ser humano que necesita verdades absolutas para sentirse seguro?, ¿la sombra de la duda amenaza tan gravemente nuestra vida como para hacer inviable seguir luchando cada día para conocer un poco más? La verdad de las cosas, la verdad de nosotros y la verdad de Dios.

Cuando se habla de fundamentalismo religioso nuestra mente, de forma inconsciente se vuelve a oriente. Nada más lejos de la realidad, descubro en un país como EEUU: la primera economía del mundo, el país en el que están las mejores universidades y con una población, en general (a juzgar por el número de títulos), bien preparada, en este país, crece y florece un fundamentalismo cristiano, que peligrosamente comienza a extender sus intereses por ámbitos tan alejados de la propia libertad personal religiosa como la política y la economía.

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Dos Orillas

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