Fútbol inmune

Eso del fin social del fútbol es más que discutible. Reconozco que tenemos la necesidad de distraernos, de disfrutar de cosas que nos gustan y que entre ellas, el fútbol puede ser muy eficaz y, por supuesto, mucho menos salvaje que aquellos espectáculos que utilizan animales como divertimento, por ejemplo. Pero ya está.

Amparados en ese supuesto bien social que se le supone al fútbol, los gestores de equipos y federaciones han creído que estaban por encima de la ley, han considerado que ellos no están obligados a pagar impuestos o que podían buscar fórmulas para evadirlos, se han beneficiado de ayudas públicas, han aprovechado sus cargos para hacer negocios particulares, han utilizado esos clubs como plataforma de blanqueo de dinero, han utilizado a sus futbolistas como cobayas humanas, experimentando con ellos medicamentos que mejoraban su rendimiento…

Y las administraciones han colaborado en ello. Ayuntamientos como el de Huelva endeudados para salvar a su equipo de fútbol o para construir un estadio, administraciones como la Hacienda o la Seguridad Social haciendo la vista gorda ante millonarias deudas o la de Justicia ante los casos de dopaje, gobiernos cambiando legislaciones para que futbolistas “galácticos” pagaran menos impuestos, planes urbanísticos trocados en pos de todopoderosos equipos…

Y los ciudadanos callados. Cualquier cosa con tal de que nuestro amado equipo llevara un nuevo trofeo a sus vitrinas, que subiera a primera, mantuviera la categoría o fichara al último futbolista que destacó en la liga brasileña. Si la Comisión Europea denuncia los privilegios fiscales de algunos equipos españoles o la Agencia Antidopaje acusa a “uno de los nuestros” de abusar de sustancias prohibidas para mejorar su rendimiento nosotros lo interpretamos como un ataque personal, como un gesto de envidia hacia los gloriosos éxitos del deporte patrio o un intento de “ganar en los despachos lo que no son capaces de ganar en la cancha” y no nos damos cuenta de que nos están robando la cartera y que el educado señor al que abroncamos es el que nos está alertando de ello.

El fútbol es un negocio muy rentable pero lo es sobre todo porque provoca ese adormecimiento, porque hace más llevadero “este valle de lágrimas” y es poco probable que nos quieran hacer despertar: ¡Qué el ayuntamiento no hace nada por ayudar a la ciudadanía, qué mas da si lo mismo el Recre sube a Primera!

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Javier Rodríguez

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