Gamberros no, gracias

Lo veremos en Huelva algún día, seguro: ordenanzas municipales contra el gamberrismo. Barcelona ha sido la pionera y parece que le van a seguir ciudades como Sevilla, Granada o Jaén. En principio la propuesta contaría con el beneplácito de los vecinos: por supuesto que estaríamos de acuerdo en castigar a los que cometan actos vandálicos o hagan demasiado ruido a altas horas de la madrugada ¿Pero cómo se les castiga? ¿No hay ya una legislación al respecto, que la mayoría de las veces no se cumple? Tal vez haga falta que el Estado tome cartas en el asunto, como acaba de suceder en Inglaterra: toda una batería de medidas que ha presentado Toni Blair para acabar, dice, con los comportamientos incívicos. Medidas como echar a los alborotadores de su domicilio durante un tiempo, o imponer multas en el acto sin que medie la presunción de inocencia. Otra muestra más de cómo el Estado neoliberal se entromete cada vez más en la vida privada de los ciudadanos, a costa de las libertades individuales. Pero esto ya es tema para otro artículo. De momento, para luchar contra los gamberros, vamos a pedir que se cumplan las ordenanzas que ya existan. Y otra cosa que siempre viene bien: en lugar de medidas punitivas, mejorar las condiciones de la enseñanza. Al final, todo es cuestión de buena educación.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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