Gestos necesarios

Esta semana hemos visto cómo muchas personas se posicionan de manera radical ante ante profundas injusticias: en el madrileño barrio de Vallecas, donde decenas de militantes de la PAH fueron golpeadas por la Policía cuando intentaban detener el desahucio de una mujer y su bebé, y en muchas otras ciudades donde los activistas de esta plataforma no cejan en su empaño de detener los desahucios de tantísimas familias que sufren este drama denunciando los abusos bancarios y la inacción de las administraciones.

Otro de estos gestos necesarios lo hemos podido ver en las islas griegas de Lesbos, donde tres bomberos andaluces y cinco socorristas vascos han sido detenidos por la Guardia Costera griega y se enfrentan a la posibilidad de ser condenados con 10 años de prisión por ayudar a llegar a tierra a miles de refugiados que intentaban llegar a Europa desde Turquía.

A los segundos se les acusa de vulnerar la Ley de Extranjería griega, que debe impedir -imagino- socorrer a personas que llegan al país europeo desde otras partes del mundo. Luchan contra la paupérrima respuesta de las instituciones europeas al drama de los refugiados y contra el discurso xenófobo de los movimientos fascistas que campa y crece por casi toda Europa haciendo creer con mentiras y medias verdades que los refugiados son una amenaza y que no merecen acogida en la Unión.

Uno de los argumentos que utilizan es el de la necesidad de atender primero a los que sufren problemas aquí. Sin embargo no son a estos a los que vemos recibir “palos” de los cuerpos policiales cuando intentan detener deshaucios, no son estos los que se enfrentan a condenas de cárcel por participar en huelgas o manifestaciones contra la reforma laboral o la Ley Mordaza. En estos casos prefieren defender a los extranjeros: “si no hay reforma laboral, si no se defiende la propiedad privada los inversores extranjeros se marcharán, hay que darles seguridad jurídica”. La pobreza de los españoles es para ellos una mera coartada para justificar su discurso fascista.

Por eso son tan importantes los gestos de los voluntarios que van a salvar vidas a las aguas de Lesbos o a nuestros barrios obreros en los que a diario se ejecutan desahucios, porque denuncian a poderosos y peligrosos enemigos que pueden hacerles mucho daño. Pero a ellos les importa más que todo ese daño la dignidad de las personas que sufren: ya sea en Lesbos o en Vallecas.

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Javier Rodríguez

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