Grandola Vila Morena

Hoy hace cuarenta años de la Revolución de los Claveles en Portugal. Una revolución que fue capaz de tumbar el régimen dictatorial de Salazar sin pegar un solo tiro. La canción de José Alfonso fue la señal para que los militares democráticos del país hermano se lanzaran a la calle y conquistaran a golpes de claveles la libertad y la democracia para Portugal. Eran otros tiempos llenos de ilusiones, de fe en las utopías, de luchas sindicales y políticas; tiempos en los que se creía en el cambio y la transformación. Eran tiempos llenos de referentes, de hombres y mujeres de una pieza, capaces de jugarse la vida en nombre de los derechos humanos, en nombre de los derechos de todos. Cuarenta años después reina la apatía y el desencanto, la desilusión y la falta de fe en la política y en la transformación social. Cuarenta años después parece imposible una revolución y, sin embargo, se hace más necesaria que nunca. El sufrimiento, la desesperanza, el desempleo, el deterioro de las condiciones de vida llama a salir a la calle, a llenarla de claveles de esperanza, a clamar contra la injusticia y la desvergüenza, a tomarnos de la mano y lanzarnos a buscar esa tierra de fraternidad de la que habla la canción. El aniversario de la revolución portuguesa debe ser un motivo de reflexión para que nos preguntemos qué ha cambiado para que en estas condiciones de explotación y esclavitud en la que estamos no seamos capaces de organizarnos y plantar cara, pacíficamente, a tanto sinvergüenza y miserable, a tanto ladrón y a tanto delincuente de cuello blanco, a tantos gobiernos que agachan la cabeza y sirven los intereses de los grupos financieros en lugar de servir los intereses de su pueblo. Nos han adormilado, nos han desactivado, nos han quitado la capacidad revolucionaria de la esperanza, la capacidad revolucionaria de la solidaridad, la capacidad revolucionaria de la comunión. Nos han aislado a unos de otros, nos han fragmentado y nos han dejado sin referentes y sin utopías. Que la canción vuelva a resonar en nuestros oídos cuarenta años más tarde y que, al igual que hicieron los capitanes de abril, también nosotros salgamos a la calle, con los claveles rojos de la esperanza solidaria a transformar el mundo, a derrocar la dictadura de los mercados, a llenar las plazas de libertad y democracia…. Ya está sonando la señal.

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Dimas Haba

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