Guerras del agua

Se anuncia que este siglo será el de las guerras del agua. Ya no es un pronóstico, sino una realidad. El agua está detrás de centenares de conflictos a escala mundial. Desde las luchas por el control de la tierra y los acuíferos regionales en países africanos, en los que el capital extranjero acapara terrenos y recursos; pasando por las batallas que se libran en América Latina, en muchos casos, con intervención directa de empresas españolas cuyas prácticas han sido denunciadas en los tribunales por las comunidades afectadas. Refugiados, guerras intestinas, contaminación, empobrecimiento, enfermedades…, de todo esto hay que hablar cuando el agua, derecho de todos, es utilizada como un simple negocio por algunos. Por el contrario, se sabe que resolver el problema del agua en una determina región del mundo supone sembrar también en ella el germen de la paz.
Pero aquí, en nuestra realidad inmediata, no hay guerras del agua, pensamos… y nada más lejos de la verdad. La experiencia nos pone frente a dos amenazas constantes. Por un lado la privatización, tan desgraciadamente repetida en los municipios de todo el país. Cuando la lógica despiadada de la acumulación del capital hace su entrada, el resultado es el encarecimiento inmediato del recurso (un 25% como mínimo, se calcula), la pérdida de derechos laborales y la ineficiencia del servicio, esto último en aumento a medida que la actual falta de inversiones dé la cara. No hace falta poner ejemplos porque ustedes, lectores onubenses, saben bien de lo que hablo.
La otra amenaza es la insensatez. El pan para hoy y el hambre para mañana. Lo intuyeron los ecologistas que ya en la centuria pasada advertían sobre un desarrollo urbanístico insostenible a todas luces. Lo avisaron los detractores del famoso Plan Hidrológico Nacional hace unos años. Lo advierten hoy expertos cuando crece la presión demandando agua de riego mientras siguen aumentando los cultivos ilegales, con la complicidad de ayuntamientos y sindicatos… El caso del trasvase de Doñana no es el único ejemplo, pero duele por cercano. Es nuestra guerra particular.
El agua es vida, y las políticas que la gestionan no pueden basarse ni en el negocio ni en la destrucción de recursos. Donde hoy se lee “Agua ya” en pancartas que cuelgan de los balcones, nuestros hijos escribirán “Agua, ay”, cuando padezcan las consecuencias de un modelo que lleva al agotamiento. En esta guerra nadie gana.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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