Guía madrileña para peregrinos 6ª parte

Hola peregrino/a.

¿Qué tal los jardines? ¿pudiste descansar un rato a la sombra de algún árbol?

Espero que hayas comido, bebido y descansado, porque hoy tengo preparado un recorrido por toda la ciudad. Hay que levantarse temprano.

Podemos quedar en la plaza elíptica o en Atocha. Allí veremos una estampa propia de la Andalucía rural de los años treinta o cuarenta: hombres que esperan a que alguien se les acerque y les ofrezca un trabajo para ese día, para varios días si hay suerte. Como su situación es tan precaria y desesperada, a veces son víctimas de engaños, de desalmados que, después de un día de trabajo, no pagan. Paro, precariedad, temporalidad, discriminación, accidentalidad… los trabajadores del todo el mundo, también los de Madrid, nos encontramos con esos problemas.

Seguimos por la calle Vallehermoso, donde está la sede de la Unión Sindical Obrera; después, por la calle Alenza, donde se ubica la Confederación General del Trabajo; seguimos por la calle Lope de Vega, donde está la sede de Comisiones Obreras (un presentador de informativos lo rebautizó como CeCeOO); la siguiente parada es en la en la avenida de América, en la sede del más antiguo de los sindicatos españoles, fundado en 1889, la Unión General de Trabajadores; más de cien años tiene la Confederación Nacional del Trabajo, sita en la plaza de Tirso de Molina.

Paramos un poco, bajamos despacio por la calle Atocha, subimos por el paseo del Prado, torcemos por la calle Alfonso XII y llegamos a la sede de los movimientos de Acción Católica. Entre ellos, la Hermandad Obrera de Acción Católica y la Juventud Obrera Católica.

A todos, desde democristianos a anarquistas, a creyentes y ateos, a todos nos anima el hacer del trabajo un espacio en el que las personas, además de garantizar su sustento, puedan crecer como personas. A todos nos mueve la lucha contra la explotación, el paro, la precariedad, los accidentes laborales, la discriminación de mujeres, mayores y jóvenes,… Y a los creyentes, el hacer del trabajo un lugar al que llevar el Evangelio de Jesús.

Solemos, sobre todo los creyentes, tener problemas, sentirnos incomprendidos, solos, a veces asustados. Nos ponen etiquetas desagradables, rojos, socialisteros, sindicalistillas… Pero abriendo el Evangelio nos encontramos con que es justo que el obrero reciba su salario. Y eso es palabra de Dios.

Un abrazo.

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Dos Orillas

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